067 : Soseki Natsume.


Soseki Natsume, pseudónimo de Natsume Kinnosuke 夏目 金之助, nació en Tokyo en 1867, un año antes del inicio de la era Meiji, y murió en la misma ciudad en 1916, cuatro años después que el emperador cuyo reinado se inició de forma casi contemporánea a su nacimiento. Históricamente, su vida y su obra se inscriben así por completo en la era llamada Restauración Meiji.
Soseki Natsume se interesó primero por los clásicos chinos y el haiku, pero pronto se inclinó por el estudio de la literatura inglesa, especialidad en la que se graduó en el año 1895 por la Universidad Imperial de Tokyo. Ingresó a continuación como profesor en la Escuela Secundaria Matsuyama de Shikoku, en la que estuvo poco más de un año, trasladándose al Quinto Instituto de Kumamoto, donde enseñó hasta 1900. En ese año marchó a Inglaterra con una beca del Gobierno para ampliar sus estudios, y permaneció allí hasta 1903. La casa donde se alojó, en el barrio londinense de Clapham, es hoy un pequeño museo consagrado al escritor.



En su retorno a Japón, Soseki enseñó literatura inglesa en el Primer Instituto de Tokyo y también en la propia Universidad Imperial en la que se graduara años atrás, donde sucedió en la cátedra al célebre Lafcadio Hearn. Compaginando a partir de ese momento su trabajo docente con la vocación de escritor, publicó en 1905 su primera novela, llamada Wagahai wa neko de aru 吾輩は猫である, es decir, "Soy un gato". La obra fue todo un éxito, situando a Soseki en un lugar destacado del panorama literario japonés del momento y otorgándole una fama de la que todavía goza hoy en día. Poco después, Soseki Natsume renunció a los cargos académicos y, entrando a formar parte del diario Asahi Shinbun, se dedicó exclusivamente a la literatura.
En 1909 el Ministerio de Educación japonés quiso otorgarle el título de Doctor honoris causa, pero él lo rechazó. Los problemas nerviosos que le acompañaban desde su estancia en Inglaterra se iban agravando con enfermedades estomacales; su condición empeoró hasta hacerse crítica durante una estancia en Corea y Manchuria. A pesar de ello, consiguió recuperarse lo suficiente como para continuar escribiendo todavía algunos años más. Moriría en diciembre de 1916 en la ciudad que le vio nacer, dejando inacabada su última novela.
Como se indicó al inicio, el nacimiento de Soseki Natsume coincide prácticamente con el comienzo de la era Meiji. En este ambiente reformista y occidentalizante, y al mismo tiempo de énfasis en la propia identidad, se inscribe históricamente la obra de Soseki Natsume, que conjuga así elementos de ambas tradiciones para conformar los marcos en que se desarrollan sus historias.



Después de la publicación de su primera obra, Wagahai wa neko de aru, siguieron toda una serie de historias cortas, como Maboroshi no tate, Bochan y Kusamakura entre otras. Por estas fechas comenzaría a formarse a su alrededor un importante grupo de discípulos literarios, como Morita Sohei, Omiya Toyotaka, Suzuki Miekichi o Terada Torahiko. Estas primeras obras se caracterizan por el tono satírico, que no excluye la verdadera crítica, pero que la viste de ironía ligera. De cariz ya más serio y progresiva focalización en el tema del egoísmo humano son sus producciones inmediatamente posteriores, como Kofu, Sore kara o Sanshiro. En ellas, Soseki se manifiesta decididamente en contra del egoísmo y la autoadulación, quedando sus escritos en clara oposición a la entonces en boga escuela realista o naturalista, tendente a centrarse en el yo y ajena a las preocupaciones morales. No es de extrañar que el autor se convirtiera rápidamente, en palabras de Kawamura, en el "paladín de la corriente romántica en una época en que predomina el naturalismo".
A partir de 1909 escribió obras como Mon, Higansugi made, Kojin, Michiguza y la fundamental Kokoro, mientras a su círculo se añadían nombres de la categoría de Akutagawa Ryunosuke, Matsuoka Yuzuru o Kume Masao. La nueva novela de Soseki, Meian, quedaría, como ya se dijo, interrumpida por su muerte en 1916.
La trayectoria literaria de Soseki Natsume le llevó desde la comicidad generosa de sus primeros escritos a una progresiva concienciación de los problemas humanos y las carencias de las civilizaciones, haciendo especial hincapié en la falta de solidaridad de las clases intelectuales. La seriedad de su tono se acentuó todavía más con los años y la enfermedad, y su actitud ante la vida cristalizó en el lema sokuten kyoshi (abandonarse a sí mismo y seguir el camino del Cielo), cumbre del rechazo al egoísmo tantas veces enarbolado por el escritor.

La fama llegó a Soseki Natsume todavía en vida, aunque él rechazó los honores que se le ofrecieron, hoy sigue siendo uno de los novelistas más conocidos y apreciados del país. Ha llegado ser un icono indiscutible de la cultura de Japón moderno, hasta el punto de que su imagen aparece en los billetes de mil yenes.



Sobre Wagahai wa neko de aru 吾輩は猫である

Más allá de la jovialidad, o dentro de las consideraciones literarias donde la escuela naturalista o realista es la que sale peor parada a lo largo de la novela, ésta refleja en su conjunto una doble crítica: Occidente y su influencia no se libran de la ironía de Soseki, pero es la propia sociedad japonesa Meiji la ejemplificada y criticada no solo mediante el marco construido para la obra, sino a través de los propios personajes del libro.
Meitei es el bohemio burlón, que pasa por la vida divirtiéndose sin oficio ni beneficio. La familia Kaneda, los comerciantes enriquecidos, con todos los defectos del nuevo rico. Kangetsu, el eterno estudiante, que picotea aquí y allá en las ramas más dispares sin acabar de decidirse ni terminar nunca su tesis. Suzuki, el hombre astuto, que medra a base de no comprometerse. Kushami, en fin, el maestro de inglés que ni eso sabe de verdad, pero que se envanece considerándose superior porque está en contacto con los autores occidentales.
Así, la novela no es solamente la divertida crónica de la vida de un gato muy particular, sino todo un ataque a la occidentalización mal encaminada, a la desidia personal y general, y al egoísmo que hace peligrar el camino de la sociedad. Todos estos problemas, parece concluir Soseki, pueden hacer que el proceso emprendido no sirva de nada, y que termine como el gato, ahogándose borracho en una tinaja de agua. Ante lo cual no cabe sino propugnar el abandono del egoísmo particular, y, como hace el gato en su último trance, confiar en la Providencia invocando al misericordioso Buda.

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