066 : Los primeros Shogunatos.


Kamakura y Muromachi (1185-1568)

La fecha de inicio del shogunato de Kamakura suele establecerse en 1185, año de la batalla de Dan no Ura, un episodio bélico crucial. Pero en algunos estudios se emplea el año 1192, en que Minamoto no Yoritomo adquirió el título de Shogun. Menos discusión hay sobre la fecha de su final, el año 1333. Tras un periodo convulso se establecería en 1338 el shogunato siguiente, Muromachi, también llamado Ashikaga, que perduraría hasta 1568.

Minamoto no Yoritomo, gran vencedor de la batalla Dan no Ura, mantuvo las formas que en su día había despreciado su rival Kiyomori y recibió en 1192 la dignidad de Shogun. El término Shogun significa "comandante del ejército", y proviene de un cargo más antiguo, el de Seiitai Shogun o "gran comandante del ejército, vencedor de bárbaros". De esta manera, Yoritomo se presentó a sí mismo humildemente como primer general del ejército del emperador. De hecho, a pesar de tener en la mano casi todo el país, jamás adquirió la posesión de las tierras imperiales y de la alta aristocracia y, aunque las gravó con impuestos, éstos fueron muy reducidos. Ello no fue óbice para que, desde Kamakura, comenzara de inmediato a construir su propio gobierno.


Shogunato Kamakura.


El nuevo Japón que surgió de las guerras Gempei tuvo así una nueva autoridad, el Shogun, y un nuevo tipo de modelo social, claramente basado en rasgos feudales. También desarrolló unas nuevas instituciones, que relegaron al olvido la mayor parte del viejo sistema surgido de la reforma Taika, que había estado en uso durante los periodos Nara y Heian.
La historiografía japonesa suele emplear para definir la estructura política de los dos primeros shogunatos la palabra Bakufu, "gobierno sobre la tierra", en alusión a la austeridad de las tiendas militares. Aunque, el Shogun siempre buscó la sanción teórica del emperador, en la práctica Kamakura fue absorbiendo las instituciones imperiales, y la corte quedó relegada a sus refinados pasatiempos culturales. Los guerreros, bushi o samurai, desplazaron a la antigua aristocracia, constituyendo la nueva clase dominante. De este modo se generó una estructura militar piramidal: en la cumbre se hallaba el Shogun; por debajo, los samurais de confianza o gokenin, después, el resto de los samurais y, por último, los soldados rasos o zusa. En un rango aparte se encontraban todos los miembros no militares de la sociedad. Casi todos eran hombres libres, ya fueran campesinos o artesanos, aunque también había siervos semmin, que desempeñaban profesiones mal vistas, como los curtidores y los matarifes. Y, por último, seguían existiendo los esclavos.

Los vasallos más leales a Yoritomo se convirtieron en shugo daymio o "señores de una provincia", y en administradores de tierras o jito. El Departamento de los samurai, o Samuraidokoro, asumió la organización militar, mientras el Departamento de Administración o Mandokoro se encargaba de los asuntos civiles y el Monjucho resolvía los temas legales. La nueva ley feudal se sistematizaría mediante el código Joei de 1232, que seguiría en vigor más de seis siglos, hasta la revolución Meiji. Además, Yoritomo se cuidaba de controlar a su súbditos de manera personal; a los señores feudales les estaba prohibido entrar en contacto con la corte de Kyoto y el Shogun quería estar al tanto hasta de los más ninimos detalles de su vida privada.
Pero, aunque Yoritomo venció la guerra civil, no logró, en última instancia, consolidar su linaje. A su muerte en 1199 hubo violentas disputas. Ninguno de sus dos hijos fue capaz de controlar la situación, y los familiares de su esposa Masako, los Hojo, acabaron tomando las riendas. Así se estableció una especie de regencia del shogunato, en la que un miembro de la familia Hojo, con el título de Shikken, controlaba los asuntos de Kamakura, aunque el cargo de Shogun seguía pasando por la familia Minamoto. Por ironías del destino, los Hojo tenían sangre Taira. Esta situación duró un siglo.
Mientras tanto, las luchas entre familias dividían la corte de Kyoto de manera literal. En el año 1259 la rama imperial se partió, y surgieron dos cortes paralelas, la Jimyoin y la Daikakuji. Los Fujiwara, que siete años antes se habían dividido a su vez en cinco ramas diferentes, tuvieron que llegar a un acuerdo entre sí para ir rotando a sus miembros como regentes de ambos emperadores.
Corría el año de 1274, y Hojo no Tokimune ostentaba la regencia del shogunato. Kubilai Khan, ya dueño de China y Corea, tras un vano intento de convencer a los japoneses para que aceptaran convertirse en sus vasallos, mandó una flota contra el archipiélago. El shogunato se preparó, pero no hizo falta; una gran tormenta desbarató la armada de los mongoles y los envió de vuelta a los puertos coreanos. Kubilai Khan no se dio por vencido a la primera. Más embajadores viajaron a Japón para intentar persuadir a los guerreros de Kamakura, pero los enviados volvieron sin cabeza. En 1281, el Khan envió un segundo ejército, todavía más grande.

El shogunato, mientras tanto, no había estado cruzado de brazos, y además de mantener a las tropas en alerta, se había preocupado de construir un gran muro defensivo a lo largo de la bahía de Hakata. Cuando los barcos mongoles se aproximaron, los japoneses consiguieron repeler los primeros ataques; dos semanas después, otro ingente temporal destrozaba al enemigo. Las tormentas fueron rápidamente bautizadas como Kamikaze, el "viento Divino", acuñándose así un término que sería empleado mucho después en un contexto bien diferente (ver WWII).
Poco acostumbrado a la derrota, Kubilai Khan no cejó nunca en su empeño, pero la muerte le llegó antes de poder organizar una tercera campaña de invasión. El shogunato había sobrevivido, pero los ataques mongoles habían causado una brecha en su estabilidad; las familias cuyos miembros habían combatido querían compensaciones pero el Shogun, dadas las características del enfrentamiento, no contaba con botín de guerra. El gobierno trató de acallar las voces disonantes aprobando medidas económicas favorables a los guerreros, pero el descontento creció. La época Kamakura ya estaba viendo su fin.
La lealtad al shogunato Kamakura se diluía progresivamente y nuevos poderes regionales competían de nuevo entre sí. Entre ellos destacaba una familia concreta: los Ashikaga. Y entonces sucedió algo inesperado. Tras largos años de somnolencia, la familia imperial volvió a entrar en la escena política. El emperador Go Daigo, de la línea Daikakuji, inició un levantamiento en el año 1331, pero fue derrotado por las fuerzas del shogunato y enviado al exilio en la isla de Oki. Un año más tarde el emperador escapó con la ayuda de su fiel Kusunoki Masashige, una figura de trágico destino muy conocida en Japón. Esta vez el emperador se hizo con poderosos aliados; muchas familias descontentas con la supremacía de los Hojo cerraron filas con él. Entre ellos estaba un miembro de los Ashikaga, de nombre Takauji. Ashikaga no Takauji tomó la capital y se la entregó de nuevo a Go Daigo. Otro aliado, Nitta no Yoshisada, llevó de forma personal la conquista de Kamakura; la ciudad fue destruida, el regente Hojo no Takatoki se suicidó y su clan fue exterminado.
En 1333 se producía así la llamada Restauración Kemmu. Desde Kyoto, Go Daigo quiso volver a tomar las riendas del gobierno; nombró Shogun a su hijo y trató de revitalizar los antiguos órganos administrativos. Pero los caudillos militares que habían hecho posible su victoria no estaban en absoluto contentos con este giro de la situación. Ashikaga no Takauji venció a las fuerzas leales al emperador en dos grandes batallas, Minatogawa e Ikuta, y arrebató la capital a Go Daigo en 1336. Una vez capturada la ciudad, Takauji instauró en el trono al príncipe Imperial Toyohito, de la línea Jimyoin, con el nombre de emperador Komyo. En el año 1338, Ashikaga no Takauji adquirió el título deShogun. Tras el espejismo de la Restauración Kemmu daba comienzo un nuevo shogunato, esta vez con sede en la propia Kyoto. Es el shogunato conocido como Ashikaga o, más frecuentemente, como Muromachi, que es el nombre de una zona de la ciudad de Kyoto dando termino al shogunato de Kamakura.

Los inicios del shogunato Muromachi no estuvieron exentos de problemas. El emperador Go Daigo había huido con sus seguidores a las colinas de Yoshino (en la actual prefectura de Nara), y desde allí seguía aspirando al trono. Para dejar claras las diferencias, Go Daigo llegó incluso a variar el crisantemo de su sello imperial, empleando una flor de diecisiete pétalos, en lugar de la habitual de dieciséis. El crisantemo, en japonés kiku, es la flor asociada a la Casa Imperial hasta el día de hoy. De ella toma su nombre el célebre Trono del Crisantemo de Kyoto, que se suele emplear como metáfora para hablar del gobierno imperial.


Shogunato Muromachi.


La situación no terminó con la muerte de Go Daigo; sus sucesores lo imitaron, y durante sesenta años siguió habiendo en Japón una doble línea imperial, lo que representaba una constante fuente de preocupación para el shogunato. Estos años se conocen en la historiografía japonesa como edad Nambokucho. Por la situación geográfica de Yoshino, la línea Daikakuji pasó a ser conocida como línea del Sur, mientras la Jimyoin se rebautizaba como línea del Norte.
La segunda debilidad del shogunato Muromachi se debía a la fragilidad de la propia familia Ashikaga. Pues, aunque sin duda el Ashikaga era el clan más rico y poderoso del país, no se bastaba para gobernarlo solo, y había de depender a tal efecto de los señores feudales o shugo daymio. Aún así, el shogunato logró durante mucho tiempo mantener un aceptable equilibrio, que llegó a su cumbre bajo el gobierno del tercer Shogun, Ashikaga no Yoshimitsu (1358-1408).
En tiempos de Yoshimitsu, una gran parte de las familias importantes estaban emparentadas con los Ashikaga, constituyendo lo que se conocía como ichimon o "primer círculo". Shogun desde los nueve años, Yoshimitsu había comprendido pronto cómo funcionaban las cosas. Ya en 1379 neutralizó una revuelta promovida por las familias Toki, Shiba y Kyogoku. Once años más tarde la casa Toki volvió a levantarse, y esta vez fue definitivamente destruida. Al año siguiente, otro señor feudal, Yamana Ujikiyo, que gobernaba once provincias, se enfrentó al Shogun, pero éste salió de nuevo vencedor y el ambicioso Ujikiyo se vio despojado de todos sus feudos menos dos.
En 1392 se resolvió por fin el dilema de las dos cortes imperiales. Aunque Yoshimitsu se había comprometido a alternar en el trono a emperadores de ambas líneas, en la práctica quedó solamente la línea del Norte, favorable al shogunato Muromachi. Sin embargo, la historiografía posterior de época Tokugawa y los textos oficiales Meiji rehabilitaron la línea del Sur, y se estableció la legalidad del «periodo de Yoshino» entre 1337 y 1392. Como ya se dijo en otro lugar esta elección se justificó aduciendo que la línea Sur había sido la depositaria de las Tres Enseñas Imperiales.

Ashikaga no Yoshimitsu no solo fue capaz de hacer frente a todas las familias que se le enfrentaron a lo largo de su gobierno, que fueron más de las que se han mencionado, sino que además aumentó la cohesión del sistema mediante largos y frecuentes viajes a las diferentes zonas del país. Con el tiempo, fue acumulando cargos y estrechando cada vez más sus relaciones con la Casa Imperial, hasta el punto de que la ceremonia con la que se celebró la mayoría de edad de su hijo estuvo presidida por el emperador en persona, algo que hasta entonces había sido prerrogativa de los príncipes Imperiales.
En 1394 Yoshimitsu cedió el título de Shogun a este hijo, y se retiró a la Villa de Kitayama, donde hizo construir su célebre Pabellón Dorado. El shogunato Muromachi siguió su andadura y llegó el sexto Shogun, Ashikaga no Yoshinori (1428-1441). Hacía muchos años que la rama de Kanto de la familia Ashikaga se oponía a la política central del shogunato. Yoshinori decidió resolver el asunto y, aliándose con otro clan, exterminó a los Ashikaga de Kanto en el año 1439. Pero no todos sus enemigos se encontraban en Kanto; tres años después, otro señor feudal, de nombre Akamatsu Mitsusuke, asesinaba al Shogun Yoshinori. La supremacía de los Ashikaga quedaba así herida de muerte.
El octavo Shogun Muromachi fue Ashikaga no Yoshimasa (g. 1463-1473). Intentando atraerse voluntades, Yoshimasa condonó las deudas de algunos de sus vasallos, pero este gesto no hizo sino aumentar el descontento entre los demás. Durante su gobierno se libraron las feroces guerras Onin, (1467-1477) en las que las familias combatieron entre sí hasta en las propias calles de la capital. El desencadenante de la contienda fue la rivalidad entre dos de las grandes familias del momento, los Hosokawa y los Yamana, que se habían recuperado desde tiempos de Yoshimitsu. El shogun solicitó la ayuda de los demás señores feudales para detener el enfrentamiento, que ya había llegado a ser abierto. Pero la llamada fue contraproducente; cada clan eligió un bando, y las escaramuzas se convirtieron en una verdadera guerra, que duró doce años.
Yoshimasa terminó retirándose a la villa de Kitayama, donde, emulando a su antepasado Yoshimitsu, también construyó un pabellón, el llamado Ginkakuji o Pabellón de Plata. Su hijo le sucedió en el cargo, pero la figura del Shogun no contaba ya con autoridad práctica. La ciudad de Kyoto estaba arrasada en buena parte, y muchos de sus grandes monumentos habían sido pasto de las llamas.

El final de las guerras Onin, por otra parte, no supuso la llegada de la paz, sino todo lo contrario: el país entró en una etapa de gran belicosidad, que los historiadores japoneses llaman Sengoku, los "estados combatientes", y que iba a durar casi cien años. Así, el shogunato Muromachi se descompuso en enfrentamientos civiles mientras las últimas huellas de la estructura imperial quedaban definitivamente barridas. Los Shogun Ashikaga se sucedían, pero apenas controlaban más que sus provincias personales. Los shugo daymio no corrieron mejor suerte y fueron sustituidos por una nueva autoridad, los llamados sengoku daymio, o "señores del estado combatiente", jefes militares que adquirían territorios cada vez más vastos por las armas y los jalonaban de castillos bien fortificados. En ocasiones, estos sengoku daymio procedían de las familias de jito que habían administrado las tierras de los antiguos señores. El país se atomizaba al son de las suertes cambiantes de la guerra. Al mismo tiempo, las artes se desarrollaban de forma extraordinaria. Por ejemplo, en 1450 se inaugura uno de los jardines más célebres de todo Japón, el jardín de rocas del Ryoanji (龍安寺) en Kyoto (ver artículo Jardín Japonés).


Jardín Ryoanji (龍安寺).


Hacia 1560 había en Japón unos doscientos sengoku daymio, pero esto no quiere decir que el país estuviera dividido de forma equilibrada. Algunos señores controlaban territorios muy extensos; pero otros tenían posesiones medianas o incluso pequeñas. Algunas zonas todavía rendían cuentas a los Ashikaga o a la corte imperial. Y en otras se había desarrollado un fenómeno muy interesante: los gobiernos «populares». Es famoso en este sentido el caso de la provincia de Kaga. Cuando, después de las Guerras Onin, los shugo daymio comenzaron a caer, el de Kaga no fue una excepción. Pero su sucesor no fue un sengoku daymio, sino los líderes religiosos de la escuela budista Ikko, cuya sede central se hallaba en el templo Hongan. Durante casi un siglo, los monjes del Hoganji gobernaron Kaga con el apoyo de samurai menores y de los jefes locales de las aldeas.
La historia siguió su curso, y después de larguísimos años de guerra, un nuevo e inesperado personaje logró hacerse con el país. Se llamaba Oda Nobunaga, había nacido en 1534 y no pertenecía a ninguna de las poderosas familias que ya conocemos. Nobunaga provenía de Owari, donde su padre era un pequeño daymio. A la muerte de su progenitor, se hizo con el castillo de Nagoya y, desde allí, emprendió campaña contra sus vecinos. La suerte iba a sonreirle: en el año 1558, el daymio Imagawa Yoshimoto marchaba contra la capital. Yoshimoto quiso atravesar las tierras de Nobunaga. Y sus tropas no salieron de ellas. Nobunaga atacó por sorpresa, y mediante esta victoria se puso en primera línea de la disputa general.

Combinando victorias y matrimonios, Oda Nobunaga fue extendiendo sus territorios. También se hizo con la lealtad de dos figuras que habrían de tener después un enorme protagonismo: Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu (Ver artículo Grandes Unificadores de Japón). En 1568, con una gran parte de Japón sometido, Nobunaga entró en Kyoto y, guardando las formas, instauró en el cargo de Shogun a Ashikaga no Yoshiaki. Algunos años antes, un nuevo elemento había entrado en escena: el cristianismo. La unificación definitiva, que tendría lugar durante el periodo siguiente, el Momoyama, ya estaba en marcha.
Como fue indicado anteriormente, a partir del siglo XII se produjo una reactivación del comercio. Aun siendo a pequeña escala, hizo que existiera una creciente demanda de moneda metálica, ya que esta había dejado de emitirse a fines del periodo Heian. Pero el gobierno japonés aún no estaba preparado para volver a producir moneda oficial, de modo que la gente recurrió a emplear monedas chinas, y más tarde también las versiones locales de algunos grandes señores nipones.
La entrada a gran escala de monedas chinas comenzó en tiempos de Ashikaga no Yoshimitsu. En el año 1401, el Shogun decidió comerciar con la China de la dinastía Ming y accedió a las peticiones chinas de acabar con los piratas japoneses que realizaban incursiones en las costas del Celeste Imperio. La relación funcionó, y el comercio entre ambos países pasó a ser frecuente. Japón exportaba mercancías entre las que destacaban caballos, abanicos y espadas e importaba sobre todo seda y monedas. En 1547, el Galeón de Manila habría de sustituir a los barcos japoneses, pero hasta entonces se produjeron un total de diecisiete viajes, y grandes cantidades de monedas chinas llegaron a Japón.

Las monedas chinas y sus imitaciones japonesas de esta época eran teóricamente de cobre, y por lo general poco nobles. Solían dividirse en "verdes" y "amarillas", según los porcentajes de metal, pero ni siquiera las "amarillas" tenían una calidad demasiado destacada. Así pues, en lugar de usarlas según un valor facial, los japoneses las emplearon literalmente "al peso", aprovechando el agujero central para enhebrarlas y formar grandes sartas. Esta práctica es conocida como erizeni o "selección", ya que se procuraba escoger las monedas de composición metálica más parecida. Con ellas se comerció en Japón feudal de los periodos Kamakura y Muromachi y se seguiría comerciando también en el periodo Momoyama. Habría que esperar más de seis siglos desde la desaparición de la moneda Heian para que un nuevo poder político, el de la familia Tokugawa, hiciera cambiar las cosas.
Uno de los puntos clave de la historia de la indumentaria japonesa puede localizarse en el siglo XV, durante el shogunato Muromachi. En estos momentos se define una prenda que se convertirá en santo y seña de la identidad de la vestimenta nipona: el kosode. El kosode es el antecesor directo de lo que hoy suele denominarse kimono, es decir, una prenda larga y abierta, con patrón en forma de "T", que se ajusta a la cintura con una faja. La palabra kimono, que se generalizó en Japón a partir del siglo XIX y que ha hecho fortuna en todo el mundo, significa literalmente "cosa cortada", y en origen no es sino un término general para cualquier prenda de ropa.
Volviendo al desarrollo del kosode, en la época Heian se utilizaba una prenda interior con el mismo nombre y patrón similar. A partir del siglo XV, los samurai pasaron a emplear el antiguo ropaje interno como prenda exterior, y se eliminaron o redujeron al mínimo las múltiples capas externas que habían caracterizado la primera elegancia medieval. De esta manera, se creó un tipo de indumentaria mucho más práctica y fácil de llevar, adecuada a la nueva clase guerrera dominante.
Aún así, los kosode también fueron objeto de desarrollo formal y estético, y de hecho se subdividían en varias clases diferentes según su patrón o sus materiales. Por una parte, existían los denominados furisode o "mangas cimbreantes", que contaban con mangas muy largas, como su nombre indica, y se consideraban apropiados para las mujeres solteras. Había también uchikake ornamentados con gran riqueza, que se llevaban echados sobre los hombros, sin sujetar. Un tercer tipo lo constituían los koshimaki, que se preferían en verano, y un cuarto los hitoe, que se llevaban bajo el koshimaki. Además, existían los denominados katabira, que, a diferencia de todos los demás, no se confeccionaban con seda, sino con fibras mucho más bastas. Habitualmente los katabira estaban sin decorar y fueron empleados sobre todo por las clases populares. Los samurai gustaron también de llevar a veces katabira, pero los hacían teñir con la elaborada técnica conocida como chaizome. Por último, existía un tipo de kosode denominado también kosode, que podía identificarse por sus mangas de largo intermedio. Muchos de estos términos han sobrevivido hasta hoy y todavía se emplean en el mundo de la indumentaria japonesa tradicional.

Los kosode también variaban en función de la estación del año para la que estaban pensados. Los de verano estaban sin forrar; los de primavera y otoño presentaban forro, y los de invierno solían estar "guateados".
A lo largo de los dos primeros shogunatos se fue estableciendo un modelo de traje samurai, empleado exclusivamente por los hombres, que se caracterizaba por un chaleco, a modo de kosode sin mangas, llamado kataginu y un amplio pantalón. La indumentaria de los samurai quedaría finalmente estandarizada en la época Tokugawa.

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