071 : La era Meiji 明治時代.


La restauración Meiji

La restauración Meiji es sin duda uno de los episodios clave de toda la historia japonesa, y constituye el punto de partida hacia el desarrollo de Japón como nación contemporánea. Después de una larga etapa de luchas internas, Oda Nobunaga había logrado hacerse con buena parte del territorio y acababa de entrar en la capital al frente de 30.000 soldados. Daba comienzo un periodo breve, pero que sería clave en la estructuración definitiva de Japón: la época Momoyama.
El fenómeno es denominado por algunos historiadores como "restauración" y por otros como "revolución" Meiji; y que en realidad, se trata de ambas cosas. Por una parte, el emperador recuperó el primer plano de la escena política, por lo que, desde ese punto de vista, es efectivamente una restauración. Pero, además, el cambio de régimen supuso una triple revolución. En primer lugar, de tipo político, por cuanto se subvirtió el orden anterior. Pero también, y gracias a este primer cambio, se produjo en Japón una revolución económica y una revolución social. Se trató, en suma, del fin del shogunato de base feudal y del inicio de la construcción de un verdadero Estado moderno.



La estructura social de Japón Tokugawa estaba en la segunda mitad del siglo XIX comenzando a hacer aguas por todas partes. La hambruna se dejaba sentir. Se sucedían las revueltas, como la famosa de Osaka liderada por Oshio Heihachiro, y las reformas propugnadas desde arriba para paliar la situación no cuajaban. En este ambiente inquieto, aderezado con movimientos milenaristas, tratados impuestos por Perry y temor a peligros externos atraídos por la debilidad nacional, surgió una fuerte conciencia anti extranjera que unía la lealtad al emperador con el rechazo a lo que venía de fuera. Este sentimiento se resumía en la frase sonno joi, "reverenciar al emperador y expulsar a los bárbaros".
Aún no había subido al trono Mutsuhito cuando ya la corte imperial comenzaba a considerar seriamente la posibilidad de hacer frente a los Tokugawa y centralizar el Gobierno. Los daymio de Tosa, Satsuma y Choshu encabezaban la empresa. El señor de Tosa envió un informe al Shogun Tokugawa Yoshinobu, también conocido como Keiki, en el que le pedía que restaurase el poder del emperador. Al tiempo, las tropas de los tres daymio marcharon sobre Kyoto. Yoshinobu respondió con una carta de dimisión en noviembre de 1867 y huyó a Osaka durante la noche.



Se dio así una paradójica situación; existían tres centros en disputa: la corte imperial por un lado y dos Bakuhan por otro, uno alrededor del Shogun y otro de facto en Edo constituido por la maquinaria burocrática controlada por otros Tokugawa.
El día dos de enero de 1868 la corte convocó una asamblea de señores. Yoshinobu, temiendo los planes restauradores de los daymio de Satsuma, Tosa y Choshu, no fue. En la reunión se decidió traspasar la guardia de palacio a hombres alejados de la esfera Tokugawa y reclamar para la corte imperial las propiedades de la familia. Tres semanas más tarde comenzaba la guerra civil.
El conflicto fue relativamente breve, inclinándose pronto la balanza por las tropas imperiales. En primavera de ese mismo año, 1868, Edo se rendía ante el comandante del ejército imperial, Saigo Takamori. La armada Tokugawa continuó resistiendo en Hokkaido bajo Enomoto Takeaki hasta mayo del año siguiente, pero hacía ya tiempo que la suerte de la guerra estaba echada.
En septiembre de 1868 la ciudad de Edo pasó a denominarse Tokyo, la "capital del este". El 23 de octubre, el reinado del nuevo emperador fue bautizado con el nombre de Meiji. Mutsuhito tenía por entonces dieciséis años. Tokugawa Yoshinobu, el último Shogun, fue obligado a retirarse a sus posesiones de Shizuoka. Nunca recobró el favor imperial, pero su heredero llegaría a convertirse en presidente de la Cámara de los Pares dentro del nuevo sistema.
Comenzaba así la etapa presidida por la figura del emperador Mutsuhito, que sería posteriormente deificado como emperador Meiji. Su templo en Tokyo, el Meiji Jingu, se halla inmerso en un frondoso parque en el corazón mismo de la megalópolis. Famoso por sus flores y poseedor de una importante colección de fotografías y objetos personales del emperador, el santuario se convirtió en todo un símbolo de la identidad del nuevo Japón. Sobre él hablaremos con más detalle en el apartado correspondiente.

Muchos nombres importantes salpican las nuevas políticas de apertura, centralización y modernización. Hay que mencionar a los economistas Okubo Toshimichi y Matsukata Masayoshi, y también, por supuesto, a Ito Hirobumi, el artífice de la Constitución basada en la "monarquía social". Otra figura de gran relevancia fue Yamagata Aritomo, el renovador del ejército, que, a pesar del éxito de su trabajo vio su trayectoria ensombrecida por el escándalo financiero que provocó uno de sus allegados. Y tampoco se puede olvidar a Okuma Shigenobu (1838-1922), líder político durante décadas. Okuma Shigenobu había estudiado inglés, holandés y economía occidental. Experto en el mundo mercantil, pronto se convirtió en un verdadero creador de opinión pública. En contraste con las actuaciones más cautas y progresivas de Ito Hirobumi, Okuma Shigenobu deseaba acelerar la modernización mediante la aparición de partidos políticos; de hecho él mismo creó uno de ellos. Llegó a ser primer ministro y fundó la Universidad de Waseda, una de las más prestigiosas del país.
Se iniciaba así un rapidísimo proceso de asimilación y aprendizaje de lo foráneo, sin que, por otra parte, se perdiera nunca la identidad propia de lo japonés.

El muevo programa de Gobierno Meiji había sido anunciado el 6 de abril de 1868. Su núcleo, general y adaptable, y al mismo tiempo decididamente renovador, comprendía varios puntos. En primer lugar, la creación de Consejos y la determinación de la política según la opinión general. De este modo se pretendía superar la lealtad feudal y conseguir que todas las clases sociales cooperasen directamente en la estructura estatal. Esta nueva organización había de ir de la mano de la abolición de "costumbres perniciosas" y del seguimiento de las "justas leyes de la naturaleza". Además, se extendió el derecho a la ciudadanía a las dos clases inferiores de la sociedad, marginadas desde tiempos inmemoriales, y que ya se mencionaron a propósito de la estructura social del shogunato, los burakumin 部落民: los eta 穢多, es decir, los matarifes, curtidores y enterradores y los hinin 非人, los sometidos de Japón, cuyo nombre significa literalmente "nohumanos". Entre las dos sumaban casi un millón de nuevos ciudadanos.



Pero había algo todavía más rompedor: el Gobierno Meiji propugnaba la búsqueda de conocimiento en el extranjero, a fin de hacer más estables las bases internas del Estado imperial. Este último punto, en clara oposición al sentimiento xenófobo dominante poco tiempo atrás, significó la apertura definitiva de Japón al resto de las naciones, especialmente a los países europeos y a Estados Unidos de América.
Todavía en los años de aislamiento del sakoku, algunas personas habían comenzado a interesarse por la ciencia occidental, principalmente por la medicina que aparecía en los tratados holandeses. Es fundamental en este sentido la obra ingente de Sugita Genpaku (1733-1817), que, junto a otros colegas, tradujo a lo largo de cuarenta años toda la serie de volúmenes holandeses de anatomía. Poco después, los estudios extranjeros virarían del holandés al inglés, destacando la figura de Fukuzawa Yukichi. El primer diccionario inglés-japonés aparecería en 1814. Algunos daymio llegaron incluso a mandar enviados en secreto para aprender del extranjero.

En la nueva etapa Meiji comenzaron de forma abierta los viajes directos al exterior. Capitaneados por el embajador plenipotenciario Iwakura Tomomi, los primeros enviados japoneses recorrieron entre 1871 y 1873 los países occidentales, absorbiendo novedades que luego se adaptarían al peculiar caso japonés. En la delegación se contaban los vice embajadores Kido Takayoshi y Okubo Toshimichi, además de varios antiguos daymio con sus séquitos, y otros políticos como Ito Hirobumi. Viajaban con ellos cinco mujeres, la más joven solo una niña, para ser educadas en Estados Unidos. La embajada partió de Yokohama el día 23 de diciembre de 1871 hacia San Francisco. Desde allí los japoneses se desplazaron a través del país hasta Chicago, y luego a Washington y Boston. Y de allí otra vez en barco a Europa: Líverpool y Londres primero, después París y Ámsterdam. Los embajadores visitarían además las capitales nórdicas, Berlín, Múnich, Viena, Berna y San Petersburgo; también Roma y Marsella.
Algunos de los miembros de la embajada no regresaron a Japón con los demás, sino que, como las mujeres, permanecieron estudiando en el extranjero durante cierto tiempo; es el caso del príncipe Saionji Kinmochi, que tras formarse en Francia llegaría a ser primer ministro en dos ocasiones.
Unos trescientos cincuenta enviados sucederían a la embajada de Iwakura a lo largo de la era Meiji. Inglaterra serviría de modelo para el desarrollo industrial y naval, Prusia, para el militar, Francia, para el sistema legal y educativo, Estados Unidos, en fin, para la expansión agrícola. Se adoptó el calendario solar, el ferrocarril, los periódicos, el gas y el telégrafo. En los puertos y a lo largo de las costas se instaló un excelente sistema de faros que pronto sería un modelo a imitar en el propio Occidente. La vestimenta europea pasó a ser obligatoria para los funcionarios. La introducción de lo occidental llegó también a esferas más reservadas, y algunos se convirtieron al cristianismo. En estos momentos salieron a la luz los kakure kirishitan o "cristianos ocultos" de Nagasaki, que habían mantenido en secreto sus creencias durante todo el shogunato Tokugawa.
Profesores y técnicos extranjeros fueron además invitados a enseñar en Japón para acelerar la conversión del país en una potencia internacional comparable a las naciones occidentales, objetivo, al fin y al cabo, de todas las reformas Meiji. No todo, sin embargo, consistía en occidentalizar el país; se produjo también el proceso inverso, hasta poder hablarse de verdadera "niponización" del pensamiento y las instituciones occidentales, que en algunos casos llegó hasta el rechazo.

La era Meiji fue una era de eslóganes. El viejo lema "reverenciar al emperador y expulsar a los bárbaros" que había estado en boga a finales del shogunato fue sustituido por "abrir el país y establecer relaciones amistosas". Se crearon además otros eslóganes para cada uno de los aspectos en los que trabajaba el Gobierno, entre los que destacan fukoku kyohei "enriquecer el país y fortalecer el ejército", bunmei kaika "civilización e ilustración" y joyaku kaisei o "revisar los tratados", éste último en clara referencia a los acuerdos firmados en tiempo del comodoro Perry.
Parte importantísima del desarrollo del conocimiento de Occidente durante la era Meiji fueron las traducciones de obras literarias extranjeras. Robinson Crusoe apareció en los últimos días del periodo Tokugawa; ya en la era Meiji, se tradujeron el Self-Help de Samuel Smiles y On Liberty de John Stuart Mill, como preámbulo a muchos otros títulos: La vuelta al mundo en ochenta días, El Quijote, El contrato social, Las mil y una noches, etc. Como resultado, apareció en Japón un nuevo interés en el individuo, pero también una renovada conciencia de identidad cultural y tradición histórica.
El emperador Mutsuhito suprimió la clase samurai para crear un ejército al modo occidental. La transición fue problemática y sangrienta. En 1873, varios importantes líderes políticos trataron de provocar una guerra con Corea. Pero el embajador Okubo Toshimichi, recién llegado de su larga misión en el exterior, logró detener lo que ya parecía inevitable. Quienes habían estado a favor del conflicto dimitieron, entre ellos Eto Shimpei y Saigo Takamori, el comandante imperial que había rendido Edo en 1868. Poco después, Eto encabezaba una rebelión de samurai. Su ataque fue repelido, pero otros insurgentes tomaron el relevo.
Para 1877 Saigo Takamori estaba al frente de más de treinta mil antiguos samurai en Satsuma. Fue el primer gran obstáculo al que se enfrentó el nuevo Gobierno Meiji, y el canto del cisne de la clase samurai. Los partidarios de Saigo fueron derrotados tras seis meses de lucha. Muchos de ellos murieron, y el propio Saigo se suicidó. El nuevo ejército de Japón, al mando del general Tani y del general vizconde Kodama, había demostrado su efectividad.

Dos años después de la derrota de los samurai se incorporó al estado japonés la isla de Okinawa. Poco antes, en 1875, se había resuelto por fin un largo contencioso con Rusia sobre las fronteras del norte del país. Japón renunció a sus intereses en Sajalín y a cambio obtuvo la soberanía indiscutida de las islas Kuriles.
La Constitución Meiji de 1889 estableció un Consejo presidido por el emperador y una Dieta nacional bicameral. La filosofía política del momento igualó al emperador con el cabeza de familia al frente de la familiaestado, en línea con la tradición shinto de lealtad y veneración a los ancestros respaldada por el confucionismo. Al año siguiente se celebraban las primeras elecciones.
Mientras el país se reestructuraba, los acontecimientos exteriores se sucedían. En 1894 estallaba la guerra con China. Los combates se desarrollaron principalmente en suelos y mares coreanos. Los dos episodios clave en Corea fueron la batalla del río Taidong y la del río Yalu. Por cierto que este río Yalu era el mismo en el que, allá por el lejano año 414, se había levantado un monumento para conmemorar la derrota de Silla y Paekche en 391. Milenio y medio más tarde, esta segunda batalla del río Yalu fue también una victoria nipona. Poco después los japoneses desembarcaban en la costa china, en Weihaiwei, y tomaban la ciudad. El almirante chino Ting, que ya había sido derrotado en el Yalu, se suicidó antes de rendir la flota, atracada en el puerto de la ciudad. Cuentan las crónicas que, al conocerse su gesto, los barcos japoneses dispararon en su honor y tocaron marchas fúnebres al paso de la nave del almirante muerto. En resumen, las nuevas tropas japonesas vencieron con facilidad y la guerra duró solo un año. En 1895 Taiwan pasaba a manos japonesas. En 1902, Japón y el Reino Unido de la Gran Bretaña firmaban el primer tratado internacional entre una potencia europea contemporánea y una nación asiática.

Dos años más tarde, gracias entre otras cosas a la brillante actuación del Almirante Togo Heihachiro y a su victoria sobre el almirante ruso Rozhdestvensky en el estrecho de Tsushima, los japoneses infligían una humillante derrota a los rusos. El 1 de enero de 1905, el conde Nogi recibía una carta de rendición del general ruso Stoessel. Obviando los acuerdos de 1875, Japón se hizo con la mitad de Sajalín. Obtuvo también la concesión rusa en la península de Liaotung y los derechos de explotación de los ferrocarriles de Manchuria. El País del Sol Naciente había entrado de lleno en la escena internacional. El almirante Togo llegaría a ser galardonado en 1926 con el Gran Cordón de la Orden del Crisantemo, el máximo honor que puede ser conferido a un ciudadano japonés.
Durante los años que siguieron a la guerra rusa, Japón centró su atención en Corea. El rey Kojong fue instado a abdicar en su hijo y se nombró un general residente japonés para dirigir los asuntos de la nación coreana. El primer general fue Ito Hirobumi, el padre de la Constitución. Fue asesinado por un nacionalista coreano en 1909. A pesar de ello, y de la decidida resistencia local, que llegó a la guerrilla, el país sería oficialmente anexionado en 1910.
El emperador Mutsuhito murió en julio de 1912 y fue sucedido por su tercer hijo, Yoshihito, poniendo fin así a la Era Meiji y dando paso a la breve era Taishō (1912 -1926).

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