065 : Jinmu Tenno 神武天皇, el mítico primer emperador.


Según la tradición, el primer emperador japonés subió al trono en el año 660 a.C. La línea imperial se ha mantenido de forma ininterrumpida hasta la actualidad aunque en semejante lapso de tiempo hay lugar para adopciones, abdicaciones, dobles reinados y hasta asesinatos, por lo que la "continuidad" no puede entenderse de forma estricta; aún así, se trata de un impresionante fenómeno de pervivencia de la idea de legitimidad política y religiosa.
Los primeros emperadores japoneses se mueven en el nebuloso terreno de la historia mítica, y enlazan de forma directa con los dioses, especialmente con Amaterasu, la diosa del Sol.
Cuenta la leyenda que el archipiélago japonés fue obra directa de las divinidades creadoras, Izanagi e Izanami (leer artículo Japón, una cultura ancestral). El país estuvo gobernado durante un periodo de tiempo por el dios Okuninushi, hijo de Susanowo y nieto de Izanagi e Izanami. Su nombre significa, precisamente, el «Señor del Gran País». Sin embargo, la diosa solar Amaterasu decidió que fueran sus propios descendientes los elegidos para reinar, y consiguió que Okuninushi abdicara y se retirase al templo de Izumo.
Okuninushi renunció al trono en favor del nieto de Amaterasu, Ninigi no Mikoto, que descendió desde los cielos sobre el monte Takachiho, también llamado Sohori no Kirishima, en la isla de Kyushu. En señal del favor divino, Ninigi llevaba consigo las Tres Enseñas Imperiales, tamién conocidos como "Los Tres Tesoros Sagrados (三種の神器)": una espada, Kusanagi no Tsurugi (草薙劍), una joya Yasakani no Magatama (八尺瓊曲玉) y el espejo Yata no Kagami (八汰鏡).

Siguiendo con la leyenda, Ninigi contrajo matrimonio con la princesa Konohano no Sakuya, la Dama de las Flores, hija de una divinidad de la montaña, con la que tuvo tres hijos. Uno de ellos, Hiko Hohodemi, se desposó a su vez con la hija de un dios, la princesa Toyotama, cuyo padre gobernaba los mares. Al dar a luz, Toyotama reveló su verdadera y monstruosa naturaleza marina, y, furiosa al notar que su marido la había visto bajo su aspecto de cocodrilo, huyó al océano, cortando desde ese día las relaciones entre la tierra y el mar. Pero su hijo recién nacido se quedó en tierra firme: se trataba de Ugaya Fukiaezu, que al correr el tiempo sería padre de Jinmu, considerado el primer emperador de Japón, el ancestro semidivino de todos los gobernantes que vendrían después.
A veces se llama a Jinmu Hatsukuni Shirasu Sumeramikoto, es decir, el "Primer emperador Reinante". Pero normalmente se lo conoce como Jinmu Tenno, el emperador Jinmu o, literalmente, Jinmu «Rey del Cielo». El título "Tenno" es, aplicable en general a todos los emperadores. Otros apelativos frecuentes para referirse a un emperador de Japón son Heika (Base del Trono) y Tenshi (Hijo del Cielo). Existe además otro término, que es habitual en la bibliografía occidental, sobre todo en la más antigua: Mikado. Se trata de un título poco habitual en Japón y vendría a significar Divina Entrada, designando al personaje y su poder a través de un lugar emblemático, un poco a la manera en que el Imperio turco era conocido como «Sublime Puerta».

En cuanto al nombre en sí, Jinmu, se trata de una denominación del tipo que se otorga tras la muerte. Pues, en efecto, los emperadores japoneses pasan a la historia con un apelativo diferente al que emplearon en vida. Por ejemplo, el emperador Hirohito ha pasado a los anales japoneses como Showa. En lo que respecta a Jinmu, la tradición considera que su verdadero nombre era Iware, nombre que a veces se enriquece con alusiones al antiguo Japón y con epítetos honoríficos, de modo que es posible encontrarlo también como Yamato Iware o como Kamu Yamato Iware Biko.
Resulta curioso notar que, aun siendo el heredero, Jinmu no era el primogénito de Ugaya Fukiaezu, sino, por el contrario, el más joven de sus cuatro hijos. Esto pudiera indicar tal vez que existió una «preferencia del hijo menor» en la primitiva sociedad japonesa, que desaparecería más tarde dando paso al derecho de primogenitura del varón que, con altibajos, pervivió a lo largo del tiempo, y aún se mantiene hoy en día.
Volviendo a la historia legendaria, encontramos que Jinmu, cumplidos sus cuarenta y cinco años, se esfuerza por pacificar un país dominado por luchas internas, en un posible reflejo mítico de las luchas que sacudieron las tempranas fases de la historia japonesa y que condujeron a la conformación de un estado unificado a partir del territorio central o Yamato.
En su viaje le acompañan sus tres hermanos, que mueren en el curso de la empresa. Dos de ellos se arrojan por la borda del barco en el que viajan desde Kyushu para calmar la tempestad, siendo deificados por su acción; el otro morirá en combate.


En la imagen: El Emperador Jinmu (de pie) junto con sus hombres ven al legendario yatagarasu.


Una vez llegados a la isla central de Japón desde su Kyushu natal, Jinmu y su hermano Itsuse se enfrentan a los habitantes del lugar, obra también de los dioses creadores, dicen las crónicas, pero de «inferior categoría», que luchan contra los invasores bajo el mando del jefe local Nagasunehiko. Al principio Jinmu y los suyos se mueven hacia el Este, y llegan cerca de la actual Osaka, pero los combates no les son favorables, puesto que están avanzando en dirección contraria al rumbo del sol. Siendo como son sus descendientes, no deben caminar en sentido contrario a su madre divina. La propia diosa Amaterasu les indica la senda que deben seguir, enviándoles como guía a Yatagarasu, el cuervo del Sol, un ave maravillosa de plumaje de oro y tres patas, que proviene probablemente del imaginario chino.
El cariz de la guerra cambia desde ese momento, y, finalmente, Jinmu consigue hacerse con el dominio del país. Manda construir un palacio en Kashiwabara, cerca de la actual Kyoto, y se convierte de este modo en el primer emperador japonés.
La supuesta fecha del ascenso al trono de Jinmu, el 11 de febrero, es todavía hoy fiesta nacional en Japón. La elección del año 660 a. C. como hito fundacional de la nación japonesa por parte de los historiadores antiguos está probablemente relacionada con las ideas chinas sobre el calendario y sus ciclos. Según estas teorías, cada sesenta años llega un periodo de grandes cambios, conocido en japonés como kanototori. Y cada veintiún ciclos, se produce un kanototori de espectacular magnitud. El año 601 de nuestra era, marco del inicio de las reformas del príncipe Shotoku, fue considerado uno de estos momentos. Es posible que los compiladores de las grandes crónicas tomaran este año como punto de referencia para localizar en el tiempo el mítico reinado de Jinmu, ya que, si se cuentan veintiún ciclos de sesenta años hacia atrás, se llega, efectivamente, a la fecha en cuestión, es decir, el año 660 a. C.
La lucha de Jinmu por el control del territorio japonés incluye penalidades varias, interminables luchas contra clanes de bandidos y fantásticos encuentros con divinidades locales.
Como ocurre también en otros entramados mitológicos, los dioses del lugar son presentados como antepasados directos de las grandes familias nobles japonesas. Así, por ejemplo, mientras recorre la tierra de Yoshino, Jinmu se topa con dos curiosas deidades provistas de cola de animal. La primera de ellas es descrita como un hombre brillante que sale de un pozo. Ante las preguntas del emperador, revela su estatus divino y también su nombre, Wi Hikari. Se trataba, apunta la narración, del ancestro de la familia Yoshino no Obito. Más adelante, otra deidad con cola emerge de una roca. Jinmu pregunta de nuevo, y el dios se identifica como Iha Oshi Wake, antepasado de los Yoshino no Kuzu. Como no podía ser de otro modo, tanto éstas como otras divinidades que aparecen a lo largo de la historia de Jinmu Tenno se apresuran a declararse siervas del emperador.

Cuenta la leyenda que Jinmu murió en el año 585 a. C. a los ciento veintisiete años de edad (según el Kojiki), o ciento treinta y siete (según el Nihonshoki). Sus sucesores, también semilegendarios, serían igualmente longevos, pero ninguno llegaría a igualar su fama.

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