064 : Evolución de Japón: Eras Yamato y Heiana.


Evolución Social y Económica

Tras la introducción del cultivo del arroz, su producción se convirtió en la base fundamental de la agricultura japonesa, y cualquier lugar al que llegase el agua era idóneo para plantar un arrozal. Los utensilios de madera dieron paso a otros de metal, se adoptó la práctica de utilizar búfalos de agua como animales de tiro y en las laderas de las colinas se improvisaron terrazas para plantar cereales y verduras. En las regiones costeras la pesca siguió siendo una importante fuente de alimentación. Pero a medida que los caciques locales adquirían más poder y crecía el número de propiedades exentas de impuestos, se restringía la libertad de movimiento de los campesinos.

En el campo de la artesanía, los diferentes clanes se hicieron con el control de los grupos de trabajo conocidos como "be" que, como en el caso de los gremios del Imperio Romano, a los que se parecían, tenían carácter hereditario. Los artesanos especializados, como por ejemplo los tejedores, que provenían de Corea y China, se organizaron en torno a gremios. Cuando la familia imperial extendió su autoridad a los clanes, limitó el control de éstos sobre los "be", al mismo tiempo que implementaba el suyo propio. Con todo, a medida que los caciques adquirían mayor poder, pasaron a controlar también a los trabajadores.

Las costumbres y las creencias pervivieron a la antigua usanza. Las primitivas creencias japonesas sobre la vida y la muerte y la relación de las personas con las fuerzas externas se apoyaban en conceptos animistas. El primitivo sintoísmo, la religión indígena, era de este carácter. Los muertos se dirigían a la tierra de la oscuridad y de los impuro, por lo que la muerte era considerada como un proceso de profanación. Antes de la llegada del budismo (cerca del siglo VI) se daba sepultura a los muertos, pero el budismo extendió la práctica de la cremación. Cuando los emperadores y grandes caciques morían, eran enterrados en los enormes túmulos sepulcrales junto con varias de sus pertenencias personales, como espadas, espejos de bronce y armaduras. También se colocaban alrededor de la tumba un buen número de imágenes de arcilla o terracota, conocidas con el nombre de "haniwa" 埴輪.

La poligamia era la relación matrimonial más extendida, y no resultaba extraño el matrimonio entre familiares cercanos como primos, hermanastros y tíos. Incluso actualmente se siguen aceptando los enlaces entre primos. Como se ha mencionado anteriormente, parece que Japón fue originalmente una sociedad matriarcal o, al menos, matrilineal. La deidad mítica fundadora del clan imperial, gobernado por una mujer, Pimiku, fue la diosa del Sol. Hasta finales del siglo VIII eran las mujeres de la familia imperial las que generalmente ocupaban el trono. Esta práctica continuó incluso después de que la clase samurai llegase al poder e impusiera un nuevo orden social exclusivamente masculino. Es más, durante el periodo Tokugawa dos mujeres llegaron a sentarse en el trono.

En la era heiana, marido y mujer vivían separados y los hijos se quedaban al cuidado de la familia de la mujer. El esposo no formaba parte de la familia; su papel era el de un mero visitante. Así pues, la esposa era la cabeza de familia. Esta situación empezó a cambiar cuando la clase samurai se convirtió en la fuerza dominante en los ámbitos político y social. En el siglo XII marido y mujer comenzaron a vivir juntos, lo que favoreció el fortalecimiento del sistema patriarcal. La filosofía de Confucio reafirmó el carácter patriarcal y masculino de la sociedad japonesa, tal y como refleja la novela "Gengi Monogatari". Su autora, Murasaki Shikibu, pone las siguientes palabras en boca del protagonista, el príncipe Gengi: "Las mujeres eran hijas del pecado. Quería acabar con ellas". Se creía que las mujeres eran incapaces de aprender el complicado sistema chino de escritura, por lo que sólo se esperaba de ellas que aprendieran a manejar el sistema fonético (kana), formulado en la era heiana y mucho más sencillo. Sin embargo, la huella del sistema matriarcal no desapareció completamente. Cuando una familia tenía sólo hijas, el marido de la hija mayor pasaba a formar parte de la familia de su esposa, al mismo tiempo que adoptaba el apellido de ésta. Las mujeres desempeñaron un papel muy significativo en el terreno cultural, tal y como lo refleja el elevado número de escritoras surgidas durnte el periodo heiano.

Evolución Cultural y Religiosa

En los primeros tiempos, antes de la llegada de la escritura y culturas chinas, Japón sólo disponía de una tradición oral. Se supone que algunas de las historias y poemas de estos primeros años se incorporaron a los relatos históricos y poemarios recopilados en los siglos VII y VIII.
La visión general del la cultura y de la religión que dominaba en estos primeros años se deja sentir en el primitivo sintoísmo "no era más que un vulgar politeísmo; sus personificaciones son vagas e inconsistentes; apenas hay noción de espíritu, y prácticamente nada que evoque un código moral". Se creía que el mundo natural estaba en manos de dioses y espíritus. Los árboles, arroyos, montañas y animales tales como serpientes y zorros estaban ligados a los dioses o espíritus; ésta es la razón por la que muchos de los santuarios sintoístas están dedicados al zorro. El sol era considerado sagrado porque es la encarnación misma de la diosa. Se cuenta que el sol divino dejó ciego a un lugareño por maldecir a la diosa y culparla de la sequía. El sintoísmo acentuaba la pureza y la limpieza, por lo que los sanutuarios sintoístas se conservan impecablemente limpios; es más, antes de entrar en ellos es necesario purificarse enjuagándose la boca y lavándose las manos. Esta insistencia en la pureza estaba ligada a la visión moral: lo que es bueno y agradable siempre es limpio; lo sucio es malo y desagradable. De ahí la admiración por una mente y un espíritu limpio. Sin embargo, el sintoísmo no consiguió desarrollar un código moral bien formulado.

Cada tribu o clan (uji) tenía su propio dios, un fundador del clan o un importante antepasado; así pues, en el sintoísmo los seres humanos pueden convertirse en kami. Muchos personajes históricos, no sólo emperadores sino también generales y almirantes de los últimos tiempos, descansan en santuarios sintoístas. Los muertos de guerra están enterrados en el Santuario Yasukuni de Tokyo.
Los frutos de la civilización china llegaron a Japón fundamentalmente a través de Corea antes del siglo V, pues durante los siglos IV y V muchos artesanos y trabajadores manuales coreanos habían emigrado a Japón. Además, los chinos que habían huido a Corea durante el tumulto que siguió la caída de la dinastía Han (206 a.C. - 221 d.C.) entraron en Japón a principios del siglo V. Aparte de los conocimientos prácticos traídos de China y Corea, introdujeron también la forma de vida y la cultura china. Según las crónicas, a finales del siglo IV Wani, un coreano de Paekche, trajo a Japón las "Analectas de Confucio" y los "mil caracteres clásicos", incorporando al mismo tiempo el sistema de escritura chino, aunque en realidad ya era conocido en el país. Su introducción provocó una auténtica revolución cultural, pues a partir de ese momento se inició la creación de archivos y recopilación de crónicas, se escribían obras literarias y se estudiaba la cultura china, ahora más accesible.

Se adoptaron conceptos morales y virtudes confucianas como la benevolenvia, la justicia, la propiedad, el conocimiento y la buena fe, mientras que la clase gobernante insitía en la importancia de mantener una estricta jerarquía que le permitiera dominar a los que estaban bajo su mando. El acceso a los relatos históricos y a otras narraciones procedentes de China y Corea impulsó a los japoneses a desarrollar su propia tradición cultural y literaria.

Entre los relatos escritos manipulados por la clase regente para justificar y reforzar su posición política se encuentran los Kojiki (relatos de hechos antiguos) y los Nihongi (crónicas de Japón), completados en los años 712 y 720 respectivamente, Estos últimos se concebían como recopilaciones de cuentos y leyendas transmitidas oralmente desde el origen de Japón, mientras que los relatos legendarios de los Kojiki son narraciones históricas sobre la creación del archipiélago japonés a cargo de las deidades creadoras, a las que se añade la vida de la diosa del Sol. Los Nihongi se centran mas, pues, en aspectos históricos; de hecho, los historiadores nacionales ortodoxos han presentado estos relatos como hechos reales. Sin embargo, la obra fue recopilada bajo la dirección del emperador Temmu (que reinó entre 673 y 686) con el fin de justificar y glorificar su linaje dinástico. Ambas narraciones incorporan materiales de fuentes chinas y coreanas. Algunos historiadores coreanos han señalado que muchos de los relatos legendarios son parecidos a los encontrados en los cuentos primitivos coreanos. Estas historias se conviertieron en relatos sagrados utilizados para reafirmar el carácter divino y sagrado de la dinastía imperial, sobre todo tras la recuperación de su poder político en 1868.
El otro aporte cultural importante por parte de Corea y China fue la introducción del budismo a mediados del siglo VI. Es posible que esta religión se conociera en Japón incluso antes de la llegada de los emigrantes chinos y coreanos, pero la versión oficial sostiene que el budismo fue introducido en el año 538, fecha en la que el rey de Paekche presentó imágenes y escrituras budistas. Se cree que los bellos objetos de artesanía que acompañaron a esta religión facilitaron su entrada en el país.
En el periodo heiano se llevó a cabo un estudio más serio de la religión budista. La rama del budismo que floreció en China, Corea y Japón fue la Mahayana, que sostenía que la salvación se logra mediante la fe en las piadosas deidades budistas, las bodhisattbas. La otra rama, o budismo Theravada, sostenía que el nirvana, o estado de felicidad, se alcanza mediante el autodominio de uno mismo. Esta última rama se extendió principalmente por el sureste de Asia, mientras que la anterior prosperó en China, Corea y, luego, Japón. Las dos principales sectas que nacieron en el periodo heiano fueron la Tendai ("Plataforma Celestial") y Shingon ("Palabra Verdadera"). La primera basaba sus enseñanzas en el Lotus Sutra, que defiende la unidad o unicidad de todas las cosas. El fundador de la secta Shingon en Japón fue Kukai (774-835), que había estudiado en China. Esta secta daba mucha importancia a los ritos estéricos, a los cantos y a las oraciones. Aunque no se ha podido comprobar con certeza, a Kukai se le atribuye la invención del sistema fonético para transcribir el japonés.
Durante el periodo heiano el budismo no contó con una gran difusión entre el prueblo, sino que siguió siendo una doctrina y una práctica adoptada mayoritariamente por las clases altas. Hubo un intento de sincretizar el budismo y el sintoísmo mediante la creencia de que todas las deidades, incluidas las sintoístas, eran manifestaciones del Buda original. Esta escuela, conocida como Sintoísmo Dual, está en cierto modo en sintonía con la actitud no exclusiva que ha caracterizado las costumbres japonesas, según la cual es posible profesar el sintoísmo, el budismo o cualquier otra religión al mismo tiempo.

Evolución de la Literatura y la Poesía

En la literatura y poesía, la primera obra importante es la antología de poemas Manyōshū (Colección de diez mil poemas), recopilada en el siglo VIII. Consta de alrededor de cuatro mil poemas breves y largos pertenecientes tanto al tiempo en el que aún no se había introducido la escritura como al periodo que va desde el siglo V jasta el año 760 aproximadamente. Enstre los autores se encuentran campesinos anónimos, aristócratas de la corte y emperadores. Los poemas no sólo destacan por su valía literaria, sino que además reflejan los valores morales e intelectuales del antiguo Japón. Los críticos ven en los poemas la expresión de los sentimientos naturales humanos que prevalecían en el país antes de la incorporación de los ideales confucianos de corrección y moderación. Las declaraciones de amor a la esposa y a la familia, posteriormente catalogadas de "poco masculinas", se profesaban con toda libertad, como por ejemplo: "Mi esposa y yo somos un solo corazón. Por mucho que estemos uno al aldo del otro. Ella me parece cada vez más encantadora. Aunque nos miremos durante un largo tiempo. Ella, mi amada, me sigue pareciendo más fresca que una flor".
Una obra literaria ya considerada un clásico de la literatura universal es "Genji Monogatari", escrita por Murasaki Shikibu (978-1016), una dama de compañia de la Emperatriz. El escenario es la corte heiana. La trama gira en torno al príncipe Gengji y su vida amorosa, pero lo que hace de esta obra un clásico de la literatura es el efecto general estético creado por el elegante estilo poético de la autora, que acerca esta pieza a la poesía. El ánimo que impregna toda la novela es la sensación de aflicción, mono no aware. Genji dice: "Nada en este mundo es permanente. No sabemos lo que la vida nos depara".
Murasaki Shikibu escribió en una época y en un lugar en que se daba máxima importancia a las formas, al aspecto y al decoro; el efecto que se causaba en los demás pasó a ser una preocupación obsesiva. Esta excesiva sensibilidad por el aspecto y las apariencias se convirtió en parte del carácter nacional japonés. El círculo de la corte heiana también era una sociedad esnobista, preocupada en exceso por la posición social hasta el punto de mirar con desprecio al pueblo, que vivía ajeno a las delicadas reglas del decoro. Esta obsesión por la elegancia y el refinamiento influyó también en el lenguaje, cargado de términos respetuosos y educados. Sei Shōnagon, otra importante estilista literaria de la época, escribió en "El libro de la almohada": "Resulta desagradable en extremo escuchar cómo algún estúpido se olvida de las adecuadas fórmulas de respeto cuando se dirige a alguna persona de rango superior".
Con la introducción de la cultura china, la poesía y la literatura de este país recibieron una especial atención; incluso se componía poesía al estilo chino. Con todo, hacia el siglo IX la literatura japonesa comenzó un proceso de liberación prograsiva de la excesiva influencia de la literatura china que desembocó en el "waka" (canciones japonesas), un poema en japonés de 31 sílabas. En el siglo X se recopiló el Kokinshu (colección de poemas antiguos y modernos), una antología compuesta por mil cien waka. Uno de los editores escribió: "La poesía de Japón tiene sus raíces en el corazón humano y florece en las incontables hojas de las palabras". En otro ejemplo, un poeta del siglo XII reflexionaba así: "Sobre un árbol, junto a un campo desierto, una paloma llamaba a sus compañeras; tarde terrible y solitaria".

Evolución del Arte y la Arquitectura

Durante los primeros años de la era Yamato evolucionó el peculiar estilo arquitectónico de los santuarios sintoístas. Se trataba de estructuras en forma de caja construidas en un estilo sobrio, sin adornos, para que encajaran con el entorno natural. Los santuarios sintoístas más típicos son los de Ise, en el centro de Japón. El Santuario Interior está dedicado a la diosa del Sol y el Exterior a la diosa de la Agricultura y de la Sericultura.
Con la llegada de la civilización china empezaron a construirse templos y monasterios budistas en todo el país. Uno de los monasterio más famosos es el de Hōryū-ji, en Nara. Construido originalmente en el año 607, fue arrasado por el fuego y recostruido a finales del mismo siglo. En su composición destacan la pagoda de cinco pisos y el Salon Dorado. La estructura proporciona una sensación de equilibrio, orden y cohesión. El Tōdai-ji de Nara, construido en el mismo siglo, aloja en su interior un gran Buda de bronce de más de quince metros de altura. La tendencia a construir monaserios budistas en todas las provincias se inició en el periodo Yamato y continuó hasta la era heiana. Las plantas del edificio tendían a hacerse cada vez más asimétricas, ya que las edificaciones estaban destinadas a adaptarse a la disposición del terreno, al mismo tiempo que los templos y monasterios se adornaban con frescos y estatuas. Así pues, la adopción del budismo junto con el arte y la arquitectura que lo acompañaban, sirvió para desarrollar la creatividad artística de la sociedad japonesa. También las casas comenzaban a incorporar formas peculiares, como las tarimas de madera, las columnas a la vista, los paneles desmontables, las puertas corredizas y las mamparas para separar espacios.
En el periodo heiano floreció un estilo pictórico exclusivo de Japón conocido como el Yamato-e. Aunque en sus inicios predominaron los temas budistas, pronto empezaron a pintarse escenas y cuentos de la vida japonesa. Los motivos se dibujaban con finos trazos y se pintaban con colores muy vivos. El estilo Yamato-e está presente en las puertas corredizas, en las mamparas y en los e-makimono, o rollos manuales de pergamino con narraciones en horizontal.
También se hizo famoso por su búsqueda de un estilo grácil un timpo de arte aprendido de los maestros chinos: la caligrafía a pinceladas.


Pintura Yamato-e


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