060 : Bushido, El camino del Guerrero Samurai.



Tras siglos de guerra civil y ley marcial, la cultura guerrera de la casta samurai japonesa produjo una compleja amalgama de filosofía y autodisciplina ahora conocida como 武士道 "Bushido", el "Camino del guerrero". Este nombre es una combinación de términos procedentes de los sistemas de formación samurais, acuñada en el siglo XVII cuando la tercera dinastía de caudillos militares llegó a tener en su poder el control militar sobre Japón y el Bushido fue articulado como la manera de vivir de la élite.
Uno de los propósitos esenciales del Bushido fue equilibrar los aspectos civiles y marciales de la organización personal, social y política del régimen samurai. La necesidad de dicho equilibrio se sistematizó a fin de evitar que la gallardía marcial acabase degenerando y transformándose en debilidad. Sin embargo, entre los extremos de guerra y paz, en el camino del guerrero se alzan incertidumbres inevitables, que dan paso a formas de práctica divergentes. Por ello, el espectro filosófico del Bushido representa un amplio abanico de intentos de encarar las contradicciones generadas por las disparidades entre experiencia y el punto de vista civil y el militar.

Cuando se desarrollo el Bushido como campo específico de disciplina, una de las principales preocupaciones de los líderes de la clase guerrera dominante fue la de conservar su autoridad en un Estado Civil a la vez que mantenían las condiciones de tregua entre ellos mismos. Eso implicó perfeccionar sus habilidades seculares y, al mismo tiempo, mantener su disciplina marcial y preparación militar.
La autoridad civil de la casta samurai requería dedicar atención a la opinión pública, su imagen y apariencia, así como a la organización social y las estructuras legales. Al redefinir el papel de los samurais en la sociedad, el Bushido puso especial énfasis en concepciones de liderazgo moral e intelectual, junto con la supremacía militar. En su literatura abundan las recomendaciones relativas a la educación de la clase guerrera, a la preparación técnica de los samurais de cara a los puestos consultivos, administrativos y judiciales que ocupaban en los órganos de gobierno, y para prepararlos éticamente respecto al liderazgo y el servicio social, inculcándoles valores personales y profesionales de civismo, dignidad, integridad, nobleza de carácter y conducta. De este modo, los samurais desarrollaron nuevas síntesis de las doctrinas tradicionales confucianas, budistas y sintoístas.

Confucianismo y Bushido

La parte civil del Bushido, tanto personal como profesional, se empapó de la concepción del mundo y la perspectiva social del confucianismo, que fue la fuente principal del discurso político durante siglos antes de que los samurais se hiciesen con las riendas del poder.
El confucianismo se originó en la China preimperial, durante una época de desintegración civil y política acelerada, viendo la luz como un empeño educativo cuyo objeto era el renacimiento cultural y la reforma moral. Más tarde, el confucianismo patrocinado por el Estado y normalizado para formar burócratas en la China imperial se convirtió en una poderosa fuerza conservacodra al aliarse con la autoridad política y el orden social.
Como doctrina para los samurais, en su papel de funcionarios, el Bushido se basa en la creencia confuciana de que los líderes deben desarrollar el carácter, la conducta y las capacidades personales en términos emocionales, intelectuales y morales, a fin de poder desempeñar sus deberes públicos de manera capaz e imparcial, poner orden de forma pacífica en las relaciones con sus iguales y ganarse la admiración, lealtad y obediencia de su gente.

Una de las principales preocupaciones del confucianismo es preparar a las personas de cara al servicio público. Esta oprientación estimuló y orientó el desarrollo de la educación en Extremo Oriente, creando ua base cultural para el desarrollo del humanismo laico, con una ideología subyacente de responsabilidad social. Según este punto de vista, el propósito de la educación no era fomentar los empeños intelectuales abstractos en sí mismos, sino moldear el carácter de los líderes políticos, funcionarios y ciudadanos responsables. El constructo confuciano básico sobre el individuo como ser intrínsecamente social subyace tras una espcie de humanismo laico, así como tras una aceptación del autoritarismo jerárquico. Este sentido de la relación orgánica entre la persona y el Estado, y la estructura de responsabilidad concebida para fluir a partir de esa relación, son puntos básicos de la perspectiva confuciana. La doctrina confuciana fue por lo general tipificada como la práctica de determinadas virtudes cívicas en el contexto de unas relaciones sociales y políticas concretas y fundamentales. El sistema es básicamente jerárquico, clasificando a las personas según su posición social, edad y sexo, todo lo cual parecía ser muy conveniente para la estructura samurai.

El concepto confuciano original de gobierno considera que la interiorización individual y colectiva de los valores morales es un elemento clave del orden social, sin el cual, según Confucio, la imposición externa de la ley no hará sino foemtar el cinismo y la hipocresía. Pero esa concepción cambiaría con el tiempo, ya que los confucianos posteriores declararon que los seres humanos eran intrísecamente rebeldes y adoptaron un enfoque del orden basado en castigos y recompensas, parecido en este aspecto a la doctrina china del Legalismo, que ponía el énfasis en el imperio absoluto de la ley.
El estudio de la historia, la literatura y los rituales conformó una importante parte de la práctica confuciana, tanto en el antiguo modelo ético como en el posterior, autoritario e imperial, pues se consideraba que la educación desarrollaba las capacidades y la consciencia del individuo como miembro de la sociedad. La idea de que el gobierno debía basarse en el carácter y la habilidad inspiró la creación de escuelas estatales y los sistemas de oposiciones oficiales parqa reclutar eruditos en el funcionariado. En Japón, antes del ascenso de los caudillos samurais, este concepto se aplicó en principio a desarrollar un sector de la antigua aristocracia teocrática de clanes para convertirlo en un conjunto de cargos públicos a fin de administrar un Estado burocrático laico.
El confucianismo le proporcionaría a la casta guerrera japonesa una importante fuente de conceptos de virtudes cívicas, de vital importancia en el desarrollo del Bushido como código de conducta samurai. El confucianismo, como tradición intelectual dominante de ideología estatal y ciencia social en China, fue introducido de mantera formal en el discuro político oficial japonés hacia el siglo VII, formando aprte del proceso de desarrollo de un Estado burocrático centralizado que seguía el modelo chino.

Tras la reunificación de una China largamente dividida bajó la dinastía Sui, a finales del siglo VI, el príncipe "Shotoku" (574.622), el regente japonés, inauguró la práctica de enviar delegaciones a fin de absorber la cultura, la legislación y los métodos organizativos chinos. Siendo una de las figuras más reverenciadas de la leyenda e historia japonesa, al príncipe Shotoku se le atribuye la redacción de la primera Constitución de Japón. Promulgada en el año 604, este documento ensalza las típicas virtudes confucianas de armonía, obediencia, cooperación, cortesía y consulta, mientras condena los enfrentamientos entre facciones, las luchas fraticidas y el egoísmo antisocial.
Con el objetivo de inculcar esos valores se creó una uniersidad estatal a finales de siglo a fin de formar a los vástagos de la clase gobernante para el funcionariado. La ideología confuciana puede apreciarse en los anuncios de los propios emperadores japoneses. Una declaración del emperador "Tenchi" (reinado entre el 661 y el 671), durante cuyo reinado se considera que comenzó el sistema universitario, refleja un modelo clásico de contrato de autoridad confuciano, en el que se afirma la dedicación del soberano al bienestar del pueblo a fin de legitimar la demanda de obediencia de cicho soberano por parte del pueblo:

"Quienes desean ayudar a una miríada de gente castigan a una persona, mientras que quienes quieren matar a una miríada de gente perdonan a una persona. Acosamos constantemente nuestra mente en favor de la miríada de gentes; ni siquiera en cuestiones menores, como la poesía que recitamos, hay algo más que preocupación por las mutitudes sufientes. Como Padres de la nación, ¿cómo no íbamos a preocuparnos por los hijos del país? Como hijos, ¡no desobedezcas las instrucciones de sus Padres!"

El concepto de responsabilidad social de la autoridad aparece incluso más subrayado en una declaración del emperador "Saga" (reinado desde el 809 al 823), en términos que recuerdan a Mencio (uno de los filósofos más importantes del confucianismo temprano muy citado en textos taoístas, Zen y Bushido), el sabio confuciano humanista, una importante fuente de la filosofía del Bushido:

"Indicamos a los soberanos de los hombres que nos sigan, que en vez de castigar a los marginales del país, consideren en su lugar la pobreza de las multitudes y alivien su miseria, y entonces desaparecerán los criminales. La razón por la que la gente ordinaria actúa de mala manera tiene su origen en la extendida incapacidad de sobrevivir día a día. En el país no existe otro motivo para delinquir que el derroche de los recursos naturales. Existe una razón por la que las clases inferiores ignorantes son deshonestas, y es a causa de los gobernantes, que debiendo ser honestos, no lo son"

El colegio universitario imperial ardió en 1177 y nunca se reconstruyó. En 1180 estalló una guerra civil generalizada, que se alargó durante casi una década. En medio de esta turbulencia, una facción dominante de guerreros, dirigida por el clan Minamoto, creó un gobierno militar diferente entre 1182 y 1185. Esta organización nunca desmanteló el sistema imperial y no tuvo poder sobre los samurais de Japón, pero la pauta general de dominación a través de un gobierno militar que confirmó continuaría existiendo durante siglos, bajo tres dinastías sicesivas de caudillos militares: la era Kamakura bajo los clanes Minamoto y Hojo; la era Muromachi bajo el clan Ashikaga y la era Edo o Tokugawa bajo el clan Tokugawa.
Incluso después de que quedase clara la influencia de los guerreros, los emperadores siguieron proclamando su propio rango en términos que recordaban mitos chinos sobre los antiguos reyes sabios del ideal confuciano. El emperador "Hanazono" quien reinó entre el año 1308 y 1318, afirmaba en una proclamación:

"Nuestros reproches van dirigidos hacia nosotros mismos en lugar de a nuestros súbditos, pues conocemos el orden divino. Como consideramos a los criados más próximos y a las multitudes del pueblo con la misma actitud con la que nos consideramos a nosotros mismos, no existe desviación alguna; es una pena que cualquier líder pase toda su vida con una actitud de insinceridad. Que alguien que es un espejo para otros se convierta en una advertencia es una cuestión realmente lamentable. Que nuestra posteridad lo comprenda y despeje el camino del Emperador, y así durará tanto como el Cierlo y la Tierra"

El emperador "Komatsu" (reinado entre 1382 y 1412) también afirmó el mismo principio de solidaridad soberano-súbdito, adpotando la política clásica confuciana de la meritocracia y el énfasis neoconfuciano en la austeridad como medios para cumplir con la responsabilidad del soberano respecto a la ciudadanía:

"Cuando los señores de la tierra experimenten felicidad y sufrimiento junto con el pueblo, se alíen con la sinceridad de las deidades y consideren las diversiones estraordinarias como enemigas, entonces no habrá gente que se lamente en la nación. Cuando no existan señores ociosos en el país, y escuchen y empleen a sabios incluso de entre las clases bajas, mientras rechazan a los deshonestos incluso de entre las clases altas, perdurarán tanto tiempo como el Cielo y la Tierra"

Los shogunes, al igual que los emperadores del Japón, como señores de los gobiernos militares, patrocinaron el aprendizaje confuciano en la formación de los funcionarios. No obstante, los líderes samurais favorecieron un nuevo tipo de confucianismo, introducido en Japón en los siglos XII y XIII por peregrinos budistas Zen y refiguados chinos. Envolviendo la estructura ética confuciana con elementos de metafísica taoísta y meditación Zen, este neoconfucianismo elevó el estatus ideológico del orden social a la catergoría de ley natural, cimentando su perspectiva en el individuo a través de la práctica de la concentración mental sostenida.
Aunque esta filosofía neoconfuciana ocupa una posición muy prominente en los escritos sobre Bushido, los pensadores políticos japoneses también se hicieron eco de una línea más dura de confucianismo que incorporaba elementos del Legalismo. El Legalismo era la ideología del primer imperio chino, que insistía en la producción primaria, el poder militar y el imperio de la ley. Históricamente considerado más pragmático, el confucianismo legalista se halla entretejido en la ciencia política del gobierno guerrero en Japón.
Al hacer su aparición en una época de guerra civil generalizada en la China preimperial, el confucianismo legalista basa sus creencias en la necesidad de educación, autoridad y el imperio de la ley, en la premisa de que la naturaleza humana no es básicamente buena sino mala. Al igual que el Legalismo puro, este tipo de confucianismo también insistió en la necesidad de una adaptación práctica a los tiempos en lugar de la idealización de modelos antiguos.

Los shogunes nunca abandonaron el confucianismo legalista en su papel de legisladores y su perspectiva como guerreros. Pero tras el fin del segudno gobierno militar, consecuencia de una serie de guerras civiles, volvió a exaltarse el primigenio idealismo humanista del confucianismo clásico en las leyes promulgadas por el caudillo "Oda Nobunaga", uno de los unificadores de Japón a finales del siglo XVI.
Insistiendo en la importancia del confucianismo para los guerreros en particular, el "Kanto Hatto", o "Leyes para el Japón oriental", de Oda, cita a Mencio, el popular filósofo, para anunciar un nuevo orden social:

"Los viudos y viudas, los solitarios y los huérfanos son la gente más necesitada de la nación, pues carecen de recursos. Esta condición es digna de compasión. Es mi más profundo deseo poder mostrarme compasivo con ellos. Si estas gentes albergan inquietudes públicas, debieran poder ser consideradas, pero en los últimos tiempos los señores y ministros han carecido de principios, abandonándose a un ejercicio agresivo del poder, devorando a los débiles. Si existen quejas de cualquiera de esas personas necesitadas, sus parientes y amigos también serán considerados responsables. Si se ha dicho que el gobierno de los sabios extiende sus beneficios incluso a los insectos, ¿cómo pues no iba a incluir a seres humanos?"

Es este código, promulgado en 1583, Oda designa oficialmente al confucianismo como la tradición que civilizará a la clase guerrera, afirmando su énfasis en la educación esencial para la parte civil del Bushido:

"Los hombres con la capacidad natural para ser primer ministros y generales son muy importantes. De existir hombres así deberían estudiar confucianismo. El actual y único énfasis en la ciencia militar fracasará a la hora de evaluar pérdidas y ganancias en educación. Utilizamos la expresión Bun-bu, Civil y Militar. ¿Quién ha de encargarse pues de ello, sino aquellos que gobiernan países y mantienen la paz en el mundo?. Por ello Confucio definió seis corrupciones para enfrentar el dinamismo de un discípulo al servicio del gobierno:

Si prefieres la benevolenvia al aprendizaje, la corrupción resultante es la insensatez.
Si prefieres el ingenio al aprendizaje, la corrupción resultante es el libertinaje.
Si prefieres la confianza al aprendizaje, la corrupción resultante es el robo.
Si prefieres la rectitud al aprendizaje, la corrupción resultante es la estrangulación.
Si prefieres el coraje sin aprendizaje, la corrupción resultante es el desorden.
Si prefieres la fuerza sin aprendizaje, la corrupción resultante es el desenfreno.


Además, la idea de que sólo los budistas se dedican a la erudición es arbitraria. Es muy importante que entre los guerreros haya ni que sea un erudito"

Los logros militares y políticos de Oda alcanzarían su conclusión con "Tokugawa Ieyasu" (1542-1616, otro de los tres grandes unificadores de Japón), que fundaría el tercer shogunado a principios del siglo XVII. Siguiendo la dirección señalada por Oda a la hora de abrazar el confucianismo, Ieyasu creó un colegio para el erudito neoconfuciano "Hayashi Razan (1583-1657). Hayashi también sirvió como secretario de Estado y consejero de los tres primeros Shogunes del régimen Tokugawa.
El famoso erudito "Kaibara Ekken" (1603-1714) establecería una concepción general de la contribución confuciana contemplada a la combinación de conceptos civiles y militares del Bushido, llegando incluso a la identificación virtual de las cirtudes civiles y marciales, formulada en términos confucianos y dirigida a los guerreros:

"El guerrerismo tiene raíces y ramas. Lealtad, piedad filial, deber y coraje son las raíces de la ciencia militar; ésas son virtudes marciales. Disciplina y estrategia son ciencias militares. La disciplina se refiere a la disposición de las tropas y a la manera de llevar a cabo una campaña militar, o a lo que se denomina ley marcial. Las técnicas del armamento, como esgrima, arquería, lanza y demás, son las ramas de la ciencia militar; son artes marciales.
Lo más conveniente es incluir tanto raíces como ramas. Las artes marciales están enraizadas en la ciencia militar, la ciencia militar lo está a su vez en la humanidad y la justicia. Es imprescindible conocer estos tres elementos, entender su orden y conocer su importancia relativa"
Si no puedes incluir estas tres cosas, entonces deberás esforzarte en las virtudes marciales de lealtad, piedad filial, deber y principio. Si cuentan con el coraje de la lealtad, la piedad filial, el deber y el principio, incluso aquellos que desconocen las artes marciales pueden a veces llevar a cabo determinadas acciones en la guerra que les reportan una reputación guerrera. Y aquellos que desonocen las artes marciales y actúan cobardemente no pueden conseguir nada en la guerra ni ganarse la reputación de un guerrero.
La gente superior se trabaja desde las raíces. De ahí el dicho de que cuando se establecen las raíces, crece el Camino. Aunque hay que aprender artes marciales y no conviene abandonarlas, su práctica debe estar enraizada en virtudes marciales. Es imprescindible darse cuenta de que existen diferencias de importancia relativa.

Lealtad y rectitud, fortaleza y coraje, también tienen raíces y ramas. El maestro Cheng dijo: la gente ha de contar con una mente humana y justa antes de poder contar con el espíritu de humanidad y justicia. una mente humana y justa es la raíz; fuerza y coraje con el espíritu de la humanidad u justicia, las ramas. Si cuentas con un corazón de humanidad y justicia, el coraje llegará por sí mismo. Si la gente poderosa tiene una inclinación por el guerrerismo, pero carece de la humanidad o justicia, iniciarán rebeliones, mientras que la gente corriente se convertirá en bandidos. Los samurais que carecen de aspiración de lealtad, piedad filial o deber descuidan el coraje macrial y carecen de moralidad, son inadecuados para el servicio público. De igual manera, aquellos nacidos en familias samurais que desconocen los métodos militares o las artes marciales, que no van armados y no disponen de preparación militar, serán negligentes a la hora de lograr bizarría marcial"


Las doctrinas confucianas se entretejieron en la educación y cultura samurai a diversos niveles, desde los profesores, consejeros y tutores de señores a maestros y médicos locales, en un intento de guiar la pacificación de la sociedad y la reforma de la cultura con el apoyo de fundamentos morales, ideológicos e intelectuales del Bushido. El propósito civilizador, su aplicación y el impacto social de esta política durante el periodo Tokugawa fueron resumidos en retrospectivas a finales de la era por "Saito Totsudo" (1797-1865), un importante activista de la educación civil y militar:

"Cuando el fallecido Tokugawa empezó a gobernar la nación, le pareció lamentable que los corazones de la gente fuesen tan violentos desde el régimen Muromachi, con muchos casos de vasallos que asesinaban a sus señores e hijos matando a sus padres; así que a fin de que esa gente pudiera conocer el Camino, reclutó a confucianos y fomentó el aprendizaje, ordenando imprimir muchos clásicos e historias, distribuyendolos a lo largo del país. A consecuencia de ello aparecieron famosos letrados, empezando por miembros de la casa imperial y grandes ministros, así como señores y barones de fuera, dando lugar al estado de paz actual. Esta situación es tan distinta de la era iletrada del regimen Muromachi como la noche y el día. El hecho de que esta paz no haya sido nunca perturbada desde su establecimiento, comparada con el desorden crónico del regimen Muromachi, es igual que la diferencia que existe entre el Cielo y la Tierra. Resulta evidente la excelencia de las cualidades cultivadas"

Aunque este énfasis en la cultura y cortesía entre los samurais se consideró esencial para el establecimiento de la paz y el orden en el regimen Tokugawa, la posibilidad de que también pudiera contribuir a la debilidad y dejadez de las cuestiones militares es una preocupación que aparece claramente reflejada en el Bushido posterior, tal como ilustra el mismo autor, al escribir sobre cómo el mundo de los shogunes se veía enfrentado con Occidente tras más de dos siglos de aislacionismo:

"Una vez que el comportamiento de un caballero es correcto, es esencial cultivar el espíritu de tal caballero. Aunque mantener el comportamiento de un caballero es el propósito de cultivar su espíritu, como el comportamiento es externo, por muy magnifico que pudiera ser, no puede confiarse en él para ciertas cuestiones. Un espíritu que llena el cuerpo como un fuego llameante sí que es algo en lo que puede confiarse. Así que el comportamiento de un caballero sólo puede ser realmente intenso cuando florece el espíritu de ese caballero. Aunque tu fuerza física sea superior a la común, si tu espíritu es débil, no podrás actuar frente a enemigos; por muy hábil que pudieras ser en las artes marciales, si tu espíritu es débil, no podrás utilizarlas contra enemigos"

La tensión elemental entre la cultura marcial y la civil en la que se basó el Bushido creó una contradicción sin una solución firme, una encrucijada en el camino que podía hacer acto de presencia en cualquier momento.
Mientras qeu la cultura civil del confucianismo integrada en la herencia ética del Bushido valora la honradez y la transparencia, la ciencia estratégica tan arraigada en la cultura marcial de este mismo Bushido puede requerir el engaño y la inescrutabilidad. Esta tensión interna aumentó el potencial de comportamiento contradictorio producto de la diferencia entre las dos ramas principales del Bushido: una que insistía en la lealtad hacia la persona del líder, y la otra poniendo el énfasis en la lealtad a principios éticos públicos o transpersonales. Los intentos de solucionar este problema de forma sistemática produjeron las semillas del estudio racional y científico de la psicología y el comportamiento humano, así como de la sociedad y la civilización.

Budismo y Bushido

Para los samurais, en su calidad de militares, el budismo les resultó interesante sobre todo en relación a la autotrascendencia y la aceptación de la muerte, requisitos de los guerreros profesionales. El budismo también proporcionó principios de moralidad personal y política, y tuvo una dilatada historia de contribuciones culturakes en Japón antes del advenimiento de la casta samurai.
Aunque respaldaba las virtudes cívicas del confucianismo, elevado al Estado por encima del clan, la Constitución del príncipe Shotoku auspició el budismo como una fuente universal de ennoblecimiento social y una especia de religión de Estado. La primera institución monástica budista de importancia vio la luz en Japón en el año 607, poco después de la promulgación de la Constitución, y el Estado patrocinó varios centros académicos budistas, acogiendo a doctos monjes de Corea y China.
Concebido a través de los términos sintoístas y confucianos existentes, se fomentó la difusión del budismo con la esperanza de que proporcionase apoyo mágico e intelectual al Estado. En este sentido, al igual que como herramienta política e instrumento cultural y religioso, las primeras órdenes budistas de Japón formaron una institución elitista, una especie de aristocracia paralela, que acabaría adquiriendo una autoridad inmensa, tango dentro como fuera de la estructura laica estatal.

En el año 794 se construyó en Japón una nueva capital siguiendo el modelo de la capital de la dinastía Tang china, la legendaria metrópolis de Chang-an, cuyo nombre significa "Paz Eterna". Esta nueva capital de Japón (la actual Kyoto) fue llamada "Heian-jo", la "Ciudad de la Paz", y sería la capital y el centro de una rica y animada cultura aristocrática durante cerca de cuatro siglos
También más o menos en la misma época se fundaron dos nuevas y dinámicas escuelas de budismo en las montañas colindantes, la escuela "Tendai" en el año 788 y la "Shingon" en el año 816. Estas escuelas llegarían a ser enormemente prósperas y poderosas, proporcionando un sistema complementario de propiedad, rango y privilegio para aristócratas que no estaban llamados a ocupar altos puestos en la burocracia imperial.

La ordenación budista se convirtió asimismo en refugio de los emperadores que se retiraban formalmente a las órdenes religiosas a fin de maniobrar entre bambalinas a través de un sistema de gobierno en la sombra al que se denominaba "Insei" o "administracipon enclaustrada". Al tener intereses en el mundo laico, los grandes monasterios budistas crearon sus propias milicias, denominadas "sohei", "soldados del sangha", ejércitos de monjes, para apoyar sus intereses territoriales y políticos.
La sincretista escuela Shingon, que contribuyó de manera muy importante al desarrollo de la cultura japonesa, incluidos la literatura, música y arte, también enriqueció los arsenales de guerreros y aspirantes a sicario con armamento mágico. El nombre de la escuela, Shingon, significa "mundo verdadero", y es una traducción de la palabra sánscrita "mantra", que significa "conjuro místico". Destinados a todos los propósitos imaginables, los conjuros místicos incluyeron objetos de interés especial para los guerreros, fórmulas con las que destruir a los enemigos, encantamientos destinados a producir locura, incapacidad, alienación, enfermedad y muerte.
Dada la relación simbiótica entre política y religión en Japón, la complejidad de la estructura de clan y la práctica sintoísta preexistente de "noroi", o lanzar maldiciones, los hechizos asesinos del Shingon tuvieron un atractivo particular entre la aristocracia japonesa. Este interés aumento con el auge de la casta marcial y la creciente militarización del budismo Shingon, de tal manera que esta atracción por el lado oscuro del budismo empezó a emerger en la literatura de las escuelas exotéricas.
Finalmente, la cuestión del asesinato mágico fue abordada por uno de los maestros Zen más importantes de Japón en un diálogo con un famoso guerrero y administrador en el clásico del budismo japonés, en lengua vernácula, llamado "Muchu Mondo" o "Diálogos en el sueño". Publicado por primera vez en 1344, en vida del autor, este libro representa las contestaciones del maestro Zen "Muso Soseki" (1306-1352), un distinguido comandante militar y administrador civil que fue hermano menor, antiguo aliado y finalmente víctima de "Ashikaga Takauji" (1305-1358), fundador y primer shogun de la segunda dinastía militar. El maestro Zen explica al guerrero el asesinato esotérico en estos términos:

"en la secta esotérica, el método denominado subyugar significa utilizar artes secretas para subyugar las mentes de gentes malevolentes y descaminadas, a fin de introducirlas a los verdaderos principios del budismo. En ocasiones, cuando quienes interfieren con el budismo no pueden ser convertidos y apartados de sus malvados designios, fuesen estos los que fueren, primero se les priva de sus vidas a fin de permitir que la verdadera religión permanezca en el mundo, y luego se utilizan diversos recursos para presentar el budismo incluso a esa gente malvada.
A veces alguien se ve imposibilitado de entrar en el budismo debido al aumento de la enemistad de otros, y por ello se subyuga a sus enemigos, a fin de permitirle entrar en el budismo. Cuando los bodhisattvas (término propio del budismo que alude a alguien embarcado en el camino del Buda de manera significativa) practican este ripo de acción antisocial, siempre lo hacen de cara a fomentar la religión y ayudar a las personas. No es por motivos mundanos de fama o provecho.
La escritura del nirvana dice: Cuando el Buda Shakyamuni fue rey en una vida anterior había un gran número de monjes malvados que cometían todo tipo de tropelías contra un monje que practicaba la auténtica religión y provocaba sus celos. En esa época, el propio rey luchó contra los monjes malvados, los derrotó y rescató al monje que practicaba la verdadera religión. Esa fue también la razón por la que el príncipe Shotoku de nuestro país atacó a Mononobu Moriya, que se oponía al budismo.
Si no tienes intención de difundir la verdadera religión, sino solo rezar a fin de asesinar a tus enemigos para así prosperar en el mundo, el resultado de tu acción será que no podrás permanecer en el mundo durante mucho tiempo. También habrá consecuencias perjudiciales en el futuro. La escritura del nirvana afirma: Vengar la enemistad con enemistad es como utilizar aceite para apagar un fuego.
Algunos dicen que matar con armas es un pecado, pero que hacerlo mediante el poder de encantamientos esotéricos es una virtud. Eso es una gran herejía. Incluso matar con armas es virtuoso si se lleva a cabo con una intención, como el Buda Shakyamuni en el pasado, al destruir a monjes malvados para difundir la verdadera religión, o el ataque del príncipe Shotoku contra Moriya. Pero aunque se utilicen métodos religiosos esotéricos, si vuestro interés radica en la obtención de un nombre y beneficios mundanales, será una acción pecaminosa. Eso es lo que significa la aseveración de la Escritura Brahmajala prohibiendo el asesinato, incluso matando con hechizos".


Como los centros budistas eran en sí mismos poderes terrenales, y las distintas sectas discutían y disentían acerca de qué versión del budismo era verdadera, legitimar los asesinatos mágicos con la intención de proteger el budismo no añadió precisamente claridad moral a la cuestión. Ya se había articulado una doctrina similar del fin que justifica los medios hacía casi un siglo para racionalizar la violencia en el budismo. Fue obra de "Nichiren" (1222-1282), monje Tendai, que fundó una secta que lleva ahora su nombre. Nichiren utilizó un argumento parecido respecto al armamento material en su obra seminal "Rissho Ankoku Ron" o "Tratado sobre el establecimiento de la ortodoxia y la pacificación del Estado":

"La Escritura del nirvana dice: Quienes preserven la auténtica religión no estarán sujetos a los cinco preceptos (prohibición de matar, robar, adulterio, mentir y beber alcohol) ni a cultivar su conducta, sino a llevar armas. También dice: Quienes observen los cinco preceptos no pueden llamarse mimembros del Gran Vehículo. Proteger la auténtica religión, incluso sin observar los cinco preceptos, se denomina el Gran Vehículo. Los protectores de la erligión deben llevar armas. A este portar armas le llamo yo observar los preceptos"

La Escritura del nirvana que cita esos fragmentos fue compilada tras la destrucción del majestuoso Imperio Kushana, donde el budismo alcanzaría una cumbre de sofisticación que irradiaría a través de Asia. Aunque es probable que los budistas japoneses de la Edad Media no fuesen conscientes de su contexto original, el énfasis de la escritura en la inminente extinción de la religión parecía tener una resonancia para ellos en la época turbulenta en la que vivían. Nichiren tuvo un sentido especialmente agudo y preclaro de la crisis nacional e internacional, prediciendo con acierto que los caudillos mongoles que se apoderaban de China intentarían invadir Japón.
Aunque los encantamientos destructivos eran supuestamente esotéricos, su existencia es evidente que fue muy conocida en la Edad Media, cuando los samurais eran los amos de la Tierra y su perspectiva de guerreros pasó a convertirse en el paradigma dominante. Un aspecto de esta tradición popular mágica y de la sociedad que la adoptó aparece ilustrado en un relato en "Shaseki-shu" o "Colección de piedra y arena", una antología compilada por el maestro Zen Muju (1226-1312):

"Una mujer acudió a un maestro Shingon en que confiaba desde hacía años y preguntó: ¿Existen en el Shingon encantamientos para matar a gente? Por favor, enséñemelos".
¿Para qué?, preguntó él.
Dijo ella: Mi marido siempre se ocupó mucho de mí, pero ahora está atonado con una jovencita y me ha abandonado, para mi desgracia. ¡Soy la madre de sus hijos!¡No podía sentirme más traicionada! así que cuénteme.
Se trata de una cuestión de difícil solución. Los métodos de subyugación son para someter y matar a los enemigos del mundo, por compasión. Matar simplemente por despecho no está bien.
Considerando que sería muy pecaminoso ayudarla eseñándole cómo matar, en lugar de ello el maestro le enseñó un encantamiento para alargar la vida, diciéndole, que eso sí, que era para matar.
Encantada, la mujer le creyó y pronunció el encantamiento durante el tiempo requerido. Después regresó y dijo: ¡Aunque estemos en la era final de la religión, la eficacia de los encantamientos Shingon está demostrada! ¡Lo que recité durante siete días y le mató!.
El maestro se quedó horrorizado, pero ya no podía hacer nada.
Según un maestro Shingon, esta historia fue real. ¡Lo útil y potente que sería el efecto si uno creyese y actuase de acuerdo con la verdad! Lo cierto es que como existe un modo de imbuir un único encantamiento con una plétora de poderes, no hay duda de que uno puede llegar la prolongar la vida y también a matar.


Esta historia sugiere cierta comprensión de la base psicológica de la maldición, pero no se utiliza para descartar el fenómeno como irreal, sino más bien como razón suficiente para suscitar una preocupación consciente con su práctica y uso. La justificación de la derrota de los enemigos del mundo parece ser en principio más universal que la llamada de Muso a proteger el budismo, pero en la práctica, dada la visión belicosa del mundo de la era samurai, la expresión "enemigos del mundo" no resulta más autodefinidora que "enemigos del budismo", y como tal también podría someterse a diferentes interpretaciones por parte de intereses contrapuestos.

Aunque los ejércitos monásticos de la Edad Media fueron mantenidos por grandes instituciones, también se desarrollaron milicias budistas populares entre las clases bajas, incluyendo a samurais locales, reforzados por la fe comunitaria. Los seguidores de las ectas devocionales de Nichiren y Tierra Pura tuvieron éxito a la hora de crear zonas autónomas en esos tiempos devastados por la guerra, algunas de las cuales llegaron a existir durante un siglo o más. Aunque con una perspectiva muy distinta, las sectas de Nichiren y Tierra Pura utilizaron métodos de concentración que podían producir autohipnosis y eliminar el miedo al dolor y la muerte. La fortaleza de los bonzos Nochiren sometidos a tortura es legendaria, mientras que los devotos de la Tierra Pura lucharon contra los caudillos guerreros con un abandono inaudito, inducido por su fe extática en la recompensa del paraíso tras la muerte.
Dada la diferencia de efectivos y moral entre las milicias de base comunitaria y las coaliciones mercenarias de guerreros profesionales, al final sólo la traición acabó resultando lo suficientemente poderosa para destruir los alzamientos populares budistas y las zonas autónomas creadas en la Edad Media. Oda Nobunaga, el señor feudal del siglo XVI, luchó para quebrar el poder del budismo organizado en todos los niveles de la sociedad. Más tarde, el shogunado Tokugawa legisló estrictos controles seculares sobre instituciones budistas, con poder para legislar incluso sobre cuestiones de doctrina y práctica, a fin de neutralizar cualquier atisbo de independencia residual, y convertir el sistema monástico en un órgano administrativo estatal.

Aunque la mayoría de las acciones militares asociadas con el budismo emanaron de otras escuelas, el budismo Zen ha sido tradicionalmente asociado con el Bushido a través del patrocinio de las ectas Zen por parte de la clase militar. En cierto sentido, este patrocinio proporcionó a los regímenes samurai una base cultural e intelectual distinta de la de los aristócratas a los que suplantaron, que fueron en su mayoría devotos de las escuelas Tendai y Shingon, El Zen también erra más austero y menos filosófico que las escuelas más antiguas, lo cual parecía adecuarse al temperamento, la época y la formación de los guerreros.
La secta "Rinzai" del Zen fue la que más utilizó un lenguaje fuerte y violento en su forma de presentación, con frecuentes referencias técnias de liberación psicológica utilizando términos como "matar" y "morir". Esta retórica conformó la impresión contundente que los guerreros querían cultivar y transmitir, y porporcionó un marco conceptual en el que convertur los peligros inherentes de su profesión en técnicas de formación mental.

El budismo Zen fue asimismo la fuente original de la educación neoconfuciana de los guerreros en Japón. El neoconfucianismo contiene un elemento de Zen en sí mismo, pues todos y cada uno de los fundadores chinos del neoconfucianismo estudiaron Chan, el precursor del Zen. Adaptándose a una vida laica activa, rechazando el monasticismo y el celibato, el nihilismo y el quietismo, el neoconfucianismo integró técnicas zenistas de atención plena cotidiana en el tejido de la disciplina Bushido.

Sintoísmo y Bushido

Aunque se remonta a los orígenes de la civilización japonesa, el elemento sintoísta especial que se halla presente en el Bushido es un desarrollo comparativamente tardío en la historia de la cultura samurai. Representando un sentido de identidad nacional emergente en el asilacionismo impuesto en Japón por el shogun en el siglo XVII, el renacimiento del interés en la antigua tradición sintoísta tenía por objeto sacudirse un arraigado complejo de inferioridad asociado con la inlfuencia ancestral de la cultura china. En términos de filosofía política samurai, esta insistencia por distinguie la tradición japonesa resultó crítica en la promulgación de una lógica ortodoxa para el gobierno militar permanente, a diferencia del ideal clásico confuciano chino de un Estado laico.
El telón de fondo y la atmósfera de esta evolución intelectual aparecen expresados por uno de los primeros exponentes de este nuevo nativismo, "Yamaga Soko" (1622-1685):

"Desde siempre he sido amante de los libros extranjeros (es decir, chinos). Aunque no sé nada de libros que hayan ido apareciendo últimamente, esforzándome díua y noche he llgado a leer la mayoría de los libros llegados del extranjero hasta hace diez años. Por ello creí inconscientemente que todo lo extranjero era bueno. Creí que como Japón es un país pequeño, no podía compararse en nada a China; y que los sabios sólo aparecían en China.
no era yo el único en creerlo así; todos los eruditos y letrados del pasado y el presente pensaban igual, admiraban y estudiaban a China. No hace mucho me di cuenta de que esta forma de pensar está muy equivocada, pues confiamos en nuestros oídos y no en nuestra vista, abandonando lo próximo, adoptando lo remoto. Es una epidemia incurable, una afección compun entre los estudiosos.
Aunque así lo que expresado en «Hechos de la corte Central», expondré aquí un sumario. Esta corte desciende de la Diosa que Ilumina el cielo; su linaje directo nunca ha sufrido desviaciones, ni siquiera durante una generación, desde la era divina hasta el presente. Incluso los ministros auxiliares del clan Fujiwara han continuado esta sucesión ininterrumpida, generación tras generación, y los administadores encargados del gobierno han sido continuos, porque no han existido súbditos rebeldes ni hijos ursurpadores. ¿No se debe todo ello a la abundancia de las virtudes de humanidad y justicia?.
Luego, desde la era divina hasta la decimoséptima generación de soberanos humanos se produjo una sucesión de gobernantes que contaron con todas las virtudes de los sabios. Les asistieron ministros sabios y con talento, estableciendo el Camino del Cierlo y la Tierra. La gestión administrativa de la corte, la creación del sistema de provincias y prefecturas, la conducta de las cuatro clases de personas, las actividades cotidianas, la indumentaria, la alimentación, vivienda, incluso las ceremonias de investidura del bonete (ceremonia que señalaba la mayoría de edad de un varón), matrimonio, duelo y celebración consigen transmitir equilibrio. Con el pueblo tranquilo y la nación en paz, se creó un modelo para una mirada de eras, con los papeles de superior y subordinado bien definidos. ¿No es eso realizar la virtud celestial del conocimiento luminoso de los sabios?".


Yamaga iniciaría la práctica de llamar a Japón la Civilización Central o la Nación Central, y denominaría a China "país extranjero", aunque su obra está saturada de confucianismo, y sus valores éticos derivan de ese trasfondo, incluso en su altiva estimación de la dinastía imperial japonesa. Pero desde el punto de vista de un militar, el declive y caída de la enorme y otrora poderosa China Ming, en su tiempo, pudiera muy bien haber sugerido un alarmante fracaso del sistema chino.
No obstante, los shogunes continuaron apoyando el confucianismo como la filosofía ortodoxa de Estado, y pensadores japoneses posteriores también invocaron valores confucianos para afirmar la importancia de la tradición nativa japonesa, "Rikimaru Tozan" escribe en 1802 y sigue haciendo referencia a la tradición china para apoyar su postura:

"cuando se trata de ciencia militar y logros marciales, a la larga, e incluso desde la antiguedad, cuando las divinidades celestiales descendieron para gobernar, éste fue el país repleto de lanzas espigadas; el extraordinario sobrecogimiento inspirado por la superioridad del sendero del arco y flecha en todas las naciones nunca ha disminuido, ni siquiera tras miles de generaciones...
Por fortuna, este país nunca ha sufrido cambios dinásticos, al igual que en la transmisión de cuestiones como métodos adivinatorios desaparecidos en China, en el albor de la era divina y los principios del arco y la flecha existen muchos temas que se han de estudiar en nuestro país y que sólo aparfecen como nombres en los cánones y ritos clásicos chinos y que no pueden definirse de manera concreta.
En concreto, incluso al final de un milenio existe allí una práctica tradicional de referirse ala vocación de atacar delincuentes y rebeldes como el rango del arquero. En la antigua administración imperial existen memoriales que demuestran la detención de funcionarios. Además, hay ritos del arco y la flecha para nobles y señores.
Como clase, a los clanes militares se les denomina «mononou», que se interpreta en el sentido del arquero. Esto es lo que quieren decir los registros históricos cuando aparece escrito que la palabra «arquero» es muy apreciada.
A partir de tal cantidad de referencias puede comprobarse que existen realmente conexiones.
En los últimos tiempos, los letrados tienden a desestimar nuestro patrimonio nacional, pero eso no está bien. Incluso los caracteres chinos extraen muchos significados del arco y la flecha. En particular, y aunque se haya olvidado que al señor de un país se le denomina mediante un carácter que en principio significaba blanco de la flecha, despreciar el propio país es como abandonar al priopio líder y jurar lealtad a otro país. Es una violación de los principios del «Clásico de la piedad filial».
Emular las virtudes de otro pueblo y aprender de la excelencia de países extranjeros es verdaderamente una obra de «renovación diaria y posesión abundante», y nuestros antiguos reyes ya lo sintetizaron. A pesar de ello, y aunque estamos en un país con un sistema espléndido, despreciarnos a nosotros mismos y considerarnos bárbaron, desatendiendo nuestra herencia nacional, es un insulto a la nación".


La visión sintoísta de la continudad única e ininterrumpida del linaje imperial japonés representa una reacción a la sensación de inestabilidad y debilidad política producto de su persepción de la revolución popular, la subyugación extranjera y el cambio dinástico en China. Bajo el gobierno de los samurais de épocas anteriores, Japón sufrió parecidos síntomas de fragmentación, revueltas y usurpación, a la vez que adoptaba la ideología confuciana. Los siglos XV y XVI fueron especialmente violentos e inestables, y hacia finales del siglo XVI las potencias europeas también se inmiscuyeron en las guerras y la lucha por el poder en Japón.
Por ello, a los pensadores japoneses del siglo XVII les preocupó sobre todo la creación de estabilidad social, incluso a costa del aislacionismo y el estancamiento, a la vez que se mantenía un estado constante de vigiliancia y disciplina. Todo ello formó parte de las condiciones que estimularon la articulación del Bushido en los siglos XVII-XVIII, tras la pacificación y estabilizacipon de la sociedad y la política japonesa bajo los shogunes Tokugawa. Aunque la aparición del nativismo entre los intelectuales acabaría sirviendo a los intereses de la restauración imperial a mediados del siglo XIX, privando de sus derechos a los samurais, el impulso original del argumento, obra de letrados samurai nativistas, mantuvo la primigenia unidad del gobierno civil y militar en Japón, proclamando desde esa base que Japón debía ser adecuadamente regido por guerreros para siempre. Esta posición aparece resumida por "Nakamura Mototsune" (1778-1851) en su "tratado sobre honrar a los militares":

"Nuestra nación es un Estado marcial, mientras que China es un Estado literato. Un Estado literato honra la literatura, y un Estado marcial honra las armas.
Desde la remota antiguedad no hemos padecido la usurpación de ministros rebeldes ni incursiones por parte de invasores extranjeros. Los de arriba estuvieron seguros y los abajo en paz. Sin problemas en los cuatro puntos cardinales, ¿cómo iba ese gobierno a comprarse con los antiguos sabios soberanos Yao y Shun de China? Si en aquellos tiempos el confucianismo todavía no había sido importado y el budismo ni siquiera había aparecido... ¿cómo entonces pudo ser así? Pues gracias al gobierno de los guerreros. En nuestra nación, el curso natural de las cosas es contar con guerreros ¡y ello debe ser respetado!.
Incluso en China, el presente es distinto del pasado, y así debe ser. Nuestro país es muy distinto de esa nación. Separados por cientos de millas, las costumbres son totalmente distintas, y las psicológicas de ambos pueblos no son la misma...
Así pues, ¿cómo iban a seguir el mismo camino? «Los nobles cultivan la educación sin cambiar las costumbres; conforman su gobierno de igual manera, sin cambios ni adaptaciones» Por ello la casta militar de nuestro país no debe ser abandonada. Si Confucio hubiera cruzado el mar en una barca de paja y cuero, al llegar a nuestor país lo más probable es que hubiera considerado la nobleza marcial, sin preferir necesariamente la literatura. Si nos empapamos de literatura china y no seguimos nuestro propio modo de ser, y aunque lo denominemos estudiar el camino de los sabios, ¿cómo podría llegar a llamarse «conocer» el camino de los sabios?
La gran paz de nuestro país en la remota antiguedad no se debió al confucianismo o al budismo. La razón radica en otro lugar. Nuestro país siempre fue un Estado marcial; por ello floreció con los guerreros y declina sin ellos. Las fortunas cambiantes de nuestro país son sólo una cuestión que atañe al florecimiento o declive de los guerreros".


El camino del Caballero

Confucianismo, budismo y sintoísmo han estado representados cada uno de ellos por toda una serie de escuelas, y lo cierto es que en la cultura y costumbres japonesas existen, combinados, elementos de los tres. Esta síntesis adoptó muchas formas, intelectuales y artísticas, religiosas y políticas, rituales y literarias. Como encarnación de la cultura samurai, el Bushido es también diverso, aprovechando selectivamente elementos de esas tres tradiciones para articular el "ethos" (costumbre, conducta, carácter y personalidad) y la disciplina del guerrero.
Una de las escuelas tempranas del Bushido más influyentes fue el camino caballeresco de Yamaga Soko, que intentó interpretar y adaptar las diversas líneas del patrimonio japonés a lo largo de toda una vida de estudio y docencia. Letrado confuciano clásico, así como científico militar y artista marcial, Yamaga también fue estudiante de Zen, taoísmo y sintoísmo. "Existen muchas líneas de aprendizaje, antiguo y moderno, y por ello el budismo, el confucianismo y el sintoísmo encarnan ciertas verdades". En su labor docente y sus escritos inculcó las cortesías sociales tradicionales y las disciplinas espirituales, a la vez que insistía en virtudes marciales como organización, vigilancia y autocontrol en la conducta cotidiana.
Por encima de todo, Yamaga Soko fue un pragmático, e insistió en la necesidad de la adaptación práctica de ideas e información en lugar de en la defensa idealista de antiguas doctrinas. Pensador crítico, rechazó la escuela neoconfuciana patrocinada por el shogun, y por ello fue exiliado de la capital. Aunque al final acabó residiendo y enseñando en ella, tras su muerte se prohibió la publicación de sus escritos, y su escuela tuvo que pasar a la clandestinidad a principios del siglo XVIII, pues corrió la voz de que la famosa "vendetta" de los "47 ronin" había estado inspirada en sus enseñanzas.

A finales del siglo XIX se despertó el interés por su inmensa obra a causa del renacimiento del Bushido, cuando Japón inauguró su era imperial moderna. Debido a su énfasis en el conocimiento empírico y la adaptación racional de la tradición, a la vez que enraizaba de manera natural en la estructura social y la perspectiva intelectual de su época, la obra de Yamaga invoca e invita de manera explícita el mismo enfoque crítico de estudio que él aplicase a los clásicos recibidos de allende, así como a los problemas específicos de su tiempo.
Tanto la mística como los métodos del gobierno marcial de la escuela de Yamaga aparecen claramente transmitidos en el manual "El gobierno de los guerreros", obra de "Tsugaru Kodo-shi", uno de los nietos de Yamaga, que estudió durante treinta años la obra del maestro. El padre de Kodo-shi, "Tsugaru Kenmotsu" (1658-1682), fue uno de los consejeros del señor del señorío de Tsugaru, su hermano mayor "Tsugaru Nobumasa" (1646-1710), que conoció a Yamaga Soko en 1660, cuando tenía quince años y Yamaga treinta y nueve. Kenmotsu, casado con una de las hijas de Yamaga, murió antes de que naciese Kodo-shi, y Yamaga, que casi estaba ya al final de su vida, se interesó por el bienestar del nieto huérfano de padre.
Por su parte, Kodo-shi afirmó haber concebido el interés que sintiese durante toda la vida por la obra de su abuelo el día del funeral de éste, al que asistió siendo un niño muy pequeño, al ver a los emisarios de señores y nobles rindiéndole el último homenaje. Acabaría entrando en el funcionariado, tras lo cual escribiría su compendio de filosofía y práctica marcial, delineando los principios del gobierno guerrero. Es conciso a pesar de tratar un amplio abanico de temas, proporcionando una excelente introducción a esta escuela de Bushido.

Yamaga Takatsune, que se cree fue el yerno del maestro, compiló "Fundamentos de las cuestiones militares", un tratado paralelo centrado en la ciencia militar, basándose en las propias notas de Soko. Este linaje conecta a Yamaga con algunos de los nombres más famosos de la historia samurai, como el caudillo "Takeda Shingen" y el espadachín "Miyamoto Musashi". En términos militares, el principio cardinal de esta escuela era la victoria segura, y lo cierto es que Takeda Shingen es famoso por no haber sido vencido en el campo de batalla, mientras que Miyamoto Musashi lo es por haber salido vencedor en todos sus duelos. En este tratado, a la escuela se la denomina "Kansuke", por el legendario "Yamamoto Kansuke", comandante de infantería y profesor de ciencia militar de Takeda Shingen.

Las dimensiones políticas y militares del gobierno militar presentadas en "El gobierno militar" y en "Fundamentos de las cuestiones militares" aparecen integradas en "La educación de los guerreros", un manual sobre educación samurai de Yamaga Soko, Aquí se presenta el papl del samurai en un breve discurso sobre ley natural, representada generalmente como el origen del sistema. Este énfasis en la ley natural, derivado del taoísmo e integrado en el neoconfucianismo, fue invocado por lo general para racionalizar el gobierno, la estructura social y la guerra; en la obra de Yamaga, la ley natural desempeña un importante papel como punto de referencia y origen perpetuo de conocimiento, más allá de la ideología. Partiendo de esta base, "La educación de los guerreros" perfila las preocupaciones esenciales de los samurais: el liderazgo, la organización y la estrategia militar, a la vez que se opone con toda la firmeza posible al militarismo en si mismo.
Guerreros a la postre, los maestros de esta escuela de la victoria segura produjeron una enorme cantidad de material escrito sobre ciencia militar, pero la cuestión de la moralidad emerge incluso en la obra de Yamamoto Kansuke, redactada en tiempos de guerra, que invoca el sintoísmo, confucianismo y budismo, e incluso al medicina, para racionalizar el papel de la ciencia militar en una sociedad civilizada. Con el advenimiento de la paz bajo el régimen Taokugawa, el carácter y conducta de los samurais fueron una preocupación fundamental con respecto a sus papeles civiles como líderes políticos, administradores y educadores, mientras que su origen como hombres de armas nunca se olvidó.
Al desarrollar su escuela de Bushido, Yamaga Soko tuvo que lidiar con el problema concreto de cultivar las capacidades de guerra y paz en una personalidad integrada. Haciendo referencia a este tema en el contexto de la responsabilidad individual, su breve "Cartilla de educación marcial" delinea la formación samurai como la estructura de la vida cotidiana del guerrero, mientras que su extenso "El camino del guerrero" amplía este concepto integral del camino del samurai, constituyendo un modelo de desarrollo personal completo. Él mismo compendia esta inspiración, ofreciendo lo que tal vez sea la mejor introducción teórica a su propia obra, en su "Escritos antiguos del exilio":

"En cuanto a los campos de trabajo de la erudición, existe la depuración del carácter y el cultivo de la humanidad; está la concentración en la meditación y en el sentarse con sosiego; está el refinamiento de uno mismo y la corrección de los demás, aportar orden y paz a la sociedad, alcanzar el éxito y la fama; está la concentración al leer y escribir. Todo ello se divide en superior, medio e inferior, que desarrollan diversos tipos de conocimiento.
Pero creo que conmover a las personas a través del carácter virtuoso, de manera que el mundo se corrija a sí mismo sin que haya que decir nada, pacificar los cuatro mares sin realizar ningún esfuerzo, cultivar las virtudes culturales de maner que se induzca a los enemigos a rendirse de manera espontánea, es una doctrina que proviene de los tiempos del Emperador amarillo, de los Yao y Shun (de los antiguos sabios de China), y es algo que no pudo emularse en épocas posteriores. Y aunque el modelo se imite aparentemente, no tendrá efecto alguno. Por ello, los letrados que mantienen esta idea albergan elevadas aspiraciones, para finalmente apartarse de la sociedad, retirarse a los bosques de montaña y devenir compañeros de pájaros y bestias.
La lógica del estudio de los sabios tal cmo yo la concibo es la aspiración de autorrefinarme y corregir a otros, aportar orden y paz a la sociedad, alcanzar el éxito y le honor. La razón es que he nacido en una familia de guerreros, y aunque personalmente mantengo relaciones sociales, además de estas relaciones existen cuestiones relativas a lo castrense, y también deberes, que están más allá de mi propia comprensión y mi manera de hacer las cosas. Las tareas adicionales asociadas con la casta guerrera son de muchos tipos, grandes y pequeñas.
Hablando en términos de cosas menos importantes, existen conductas apropiadas para los guerreros, que incluyen indumentaria, dieta, vivienda y el uso del equipo. En Particular, está la práctica de las artes marciales, la forma y el uso del armamento, la armadura y los enjaezamientos.
En términos de cosas más importantes, está el gobierno de la tierra, incluyendo las diversas clases de ritos y músicas; el sistema de provincias y prefecturas; montañas y bosques, mares y ríos, campos y jardines; la disposición de los asuntos públicos y las demandas templares, de los santuarios y las cuatro clases de ciudadanos; la ciencia política, la ciencia militar, las reglas de organización, las formaciones de batalla, los campamentos, la construcción del castillo y los métodos de combate. Existen todo tipo de cuestiones relativas a los líderes militares y los guerreros.
Cuando se trata de la ilustración de la casta militar, aunque uno se refine personalmente, a menos que trate con esas cuestiones de manera eficaz, no se estará siguiendo la lógica del estudio de los sabios. Por esta razón hay que meditar en las cuestiones mencionadas, y contemplar las fuentes escritas y prácticas antiguas, y además no deben abandonarse las prácticas mediativas, como el reconocimiento silencioso y el sentarse con sosiego.
A pesar de todo, ello no implica que sea necesario desarrollar un conocimiento exhaustivo de cada una de esta interminable variedad de cuestiones. Tal como dije antes, cuando se conoce al soberano, se adopta el patrón del estudio de los sabios, y se encaja en los patrones y pautas, es posible comprender lo que se ve y entender lo que se escucha, de manera que sea cual sea la tarea que surja, está claro qué hay que hacer, y así uno no tropieza.
Ésta es la espina dorsal de un hombre de carácter. También podría llamarse generosidad de espíritu y relajación del cuerpo. Cuando este estudio resulta ser continuado, la sabiduría se renueva con cada día, el carácter mejora de manera espontánea, la humanidad se enriquece de forma natural, y el coraje aparece por sí solo. Al final se alcanza el reino místico en el que no existen estratagemas, donde no hay éxito ni fama. Y se pasa del éxito y la fama donde no hay éxito ni fama, donde únicamente se cumplimenta el camino del ser humano."



Bibliogarfía:
Libro: "Samurai Wisdom, Lessons from Japan's Warrior Culture", Thomas Cleary (2009).




ありがとうございました!!